Por qué el kilo de tomate no baja del euro en el supermercado
¿Por qué el agricultor no carga su cosecha y la vende él mismo a mitad de precio? La pregunta vuelve cada vez que el campo se echa a la calle, y la respuesta corta es incómoda: el margen de un tomate no está en el tomate. Está en el kilómetro, el almacén, la merma y la rotación. El plan de abrir tiendas por toda España y despachar el kilo a 0,70 € en lugar de a un euro suena a bomba hasta que alguien pregunta quién paga la nave.
El plan del tomate a 0,70 € y el 5% del empresario
El punto de partida es un almacén en una gran ciudad: un centro con todo tipo de productos donde mayoristas y minoristas pagan lo mismo, un 30% por debajo de lo que cuesta en Carrefour. Al agricultor se le paga un 35% menos de lo que ese mismo producto vale en el súper y el promotor se queda un 5% de la facturación total. Sobre el papel, todos ganan. En la práctica, nadie ha puesto un ladrillo.
La objeción llega por el volumen, según uno de los participantes: el margen no está en vender un tomate, está en la venta a escala, y montar una cadena de distribución masiva exige un capital que ninguna explotación familiar tiene a mano. Ese es el primer muro:
el negocio no es producir, es mover.
¿Cuánto cuesta llevar un tomate del campo a la estantería?
Almacenaje en origen, transporte, centro logístico, reparto a los puntos de venta, local bien situado, equipos de frío, personal, seguridad, mermas, contabilidad y recursos humanos. Ninguna de esas partidas es gratis, y para hacerlas a coste competitivo hay que aprovechar economías de escala que una cooperativa agraria no alcanza.
Un cálculo que circula entre los participantes: mover 25.000 kilos de sandía en un tráiler sale a alrededor de
1 euro por kilómetro, así que repartir ese coste por unidad deja un sobrecoste casi residual. Con esa cifra sobre la mesa, hay quien concluye que el diferencial de precio no lo explica el camión, sino el resto de la cadena. Y ahí empieza la pelea.
¿Por qué los agricultores no venden directo y se quedan el margen?
Según algunos participantes, ya lo intentan: muchos han probado la venta directa al consumidor y algunos se han arruinado; los que aguantan venden a precio igual o superior al del supermercado. La razón es sencilla: el que compra sandía a pie de campo cuando toca cosecha no vuelve al mes siguiente, porque ya no hay género.
También existe la vía cooperativa, y tampoco es la panacea. Se cita el aceite a precio de cooperativista a
9 euros el litro. Y en los mercados mayoristas el producto nacional compite con género importado que entra a precios que aquí no cubren ni el riego. El problema no es solo vender: es tener algo que vender todo el año.
El margen real de la distribución: un 15,4% del proveedor
Aquí llega el dato que descoloca, aportado por un participante que cita prensa. El principal proveedor de fruta y verdura de
Mercadona habría declarado el año anterior
91 millones de beneficio con 591 millones de facturación, un 15,4% de margen después de gastos e impuestos. No es el margen del supermercado, es el de su suministrador, y explica por qué, según ese mismo participante, los fondos de capital riesgo se pelean por comprar este tipo de empresas.
Enfrente, la estimación de que la distribución no supera el 6% de margen neto, con el tomate multiplicando su precio por cien entre el campo y la mesa. Las dos cifras pueden ser ciertas a la vez: buena parte de ese multiplicador se va en almacenes, logística, personal, mermas y rotación.
Dato mata relato, pero también al revés.
La competencia de fuera y las reglas que no son iguales
Buena parte del malestar del campo apunta a las reglas. Se sostiene que el productor español carga con un salario mínimo que no tiene sentido en el campo, un impuesto al diésel pensado para que contamine menos, límites al nitrógeno de los fertilizantes y restricciones al uso de pesticidas. El producto de terceros países, dicen, no arrastra ninguno de esos costes.
Ese es el eje: la queja no es solo el precio, es competir con quien juega sin las mismas ataduras. Según otro participante, la solución que se pide no es un precio garantizado, sino poder colocar la producción en mercados de mayor poder adquisitivo sin los frenos que se aplican dentro.
Con esos números, la tienda del tomate a 0,70 € sigue sin abrir. El kilo en el súper, tampoco baja.