Un patinete en la autovía A-357 acaba con la vida de un hombre de 40 años
El pasado viernes, sobre las 20:20 horas, un hombre de 40 años fallecía en el kilómetro 63 de la autovía A-357, en Málaga, tras ser arrollado por dos vehículos mientras iba con un patinete eléctrico. Según el Centro de Gestión del Tráfico, la víctima iba por mitad de la calzada en sentido Cártama, andando y empujando el patinete, del que se habría bajado. Un primer coche le golpeó con el espejo retrovisor; la fuerza del impacto le hizo invadir el sentido contrario, donde un segundo vehículo le atropelló. Los sanitarios solo pudieron certificar su muerte.
El suceso ha reabierto el debate sobre la seguridad de los patinetes eléctricos y su convivencia con el tráfico rodado. La circulación permaneció cortada en ambos sentidos mientras se instruían las diligencias. La noticia, adelantada por
Málaga Hoy, ha provocado una cascada de reacciones que mezclan la crítica a la imprudencia individual con la denuncia de un vacío normativo que, según los propios sanitarios, empieza a parecerse a los peores años de las motos.
¿Qué dicen los médicos sobre los accidentes de patinete?
El jefe de Urgencias del Hospital Clínico de Málaga, Francisco Temboury, resume la situación con una frase que se ha repetido en los pasillos: «Estamos como en los peores tiempos de los accidentes de motos». No es una impresión aislada. Los facultativos que atienden a heridos en siniestros con patinetes —caídas, choques o atropellos— observan un patrón preocupante: un alto porcentaje presenta lesiones óseas o craneoencefálicas de distinto grado y, en algunos casos, derivan en dependencia. La falta de casco y la ausencia de protección estructural convierten cualquier impacto en un asunto grave.
La estadística no es un estudio formal, pero sí una señal de alarma. En cada guardia de Traumatología se atiende de media un par de accidentes de este tipo a la semana. El patinete, concebido como juguete o como solución de
movilidad urbana, se ha convertido en un vehículo que multiplica el riesgo sin que la normativa haya ido por delante.
El patinete, entre el carril bici y la autovía
El caso de Málaga no es un episodio aislado. La discusión posterior al suceso ha puesto sobre la mesa una realidad incómoda: los patinetes eléctricos no tienen un espacio claro en la jerarquía viaria. Si los ciclomotores tienen prohibido circular por autovías, los patinetes menos aún. Sin embargo, la prohibición no ha venido acompañada de una alternativa segura. Las aceras, que podrían ser un refugio, se consideran peligrosas para los peatones; los carriles bici, cuando existen, permanecen infrautilizados o son invadidos por otros usuarios. El resultado es que muchos conductores de patinetes acaban en la calzada, donde son carne de cañón.
Hay quien sostiene que la solución pasa por crear carriles específicos para patinetes, separados de bicicletas y peatones. Otros argumentan que el problema no es la infraestructura, sino la falta de civismo y de control policial. Las opiniones recogidas tras el accidente reflejan un consenso incómodo: la administración ha tardado demasiado en regular un fenómeno que ya estaba en la calle.
La invisibilidad del patinete en la calzada
Uno de los argumentos más repetidos entre conductores es el de la invisibilidad. Un patinete no tiene la masa volumétrica de una moto; su silueta es baja y estrecha, y a cierta velocidad puede pasar desapercibido en una rotonda o en un cruce. Varios testimonios describen situaciones de casi-accidente en glorietas, donde el patinete entra a gran velocidad y el conductor no lo ve hasta que lo tiene encima. La comparación con un peatón que corre es inevitable: el ojo humano no está entrenado para detectar un objeto tan pequeño desplazándose a 20 o 25 km/h.
A esto se suma la ausencia de señalización acústica o luminosa en muchos modelos. No hay matrícula, no hay seguro obligatorio y, en la mayoría de los casos, no hay casco. La combinación es explosiva. La propuesta de exigir un seguro de responsabilidad civil mínimo para estos vehículos ha ganado adeptos incluso entre quienes defienden su uso. El argumento es simple: si un patinete causa daños a un tercero y su conductor es insolvente, la víctima queda desprotegida.
El perfil del usuario y el estigma generacional
La edad de la víctima, 40 años, ha alimentado un subtexto generacional en la discusión. Hay quien ve en el patinete un símbolo de la precariedad y de la imposibilidad de acceder a un coche o una moto. «Es el quiero y no puedo de tener una moto», resume una de las intervenciones. Otros lo interpretan como una extensión de la adolescencia en adultos que deberían haber superado ciertos códigos. La burla hacia el hombre fallecido ha sido una constante en algunos comentarios, aunque también han surgido voces que recuerdan que, en los años 70, ese mismo hombre habría conducido un Simca 1000 o un Seat 850.
El estigma no ayuda a resolver el problema. La realidad es que el patinete eléctrico se ha popularizado como alternativa de bajo coste en ciudades con tráfico denso y aparcamiento caro. Su presencia no va a disminuir. La pregunta es si la regulación llegará antes de que se acumulen más muertes.
¿Qué pasa ahora con la normativa de patinetes?
A la fecha de esta discusión, la circulación en la A-357 permanecía cortada en ambos sentidos y la Guardia Civil instruía las diligencias. No hay un pronunciamiento oficial sobre posibles cambios normativos a raíz de este suceso. Lo que sí existe es un clamor creciente por parte de los profesionales sanitarios y de una parte de la opinión pública para que se equipare el patinete a otros vehículos en cuanto a seguro, identificación y sanciones. La pelota está en el tejado de las administraciones. Mientras tanto, la cifra de accidentes sigue su curso.
¿Cuántos muertos más hacen falta para que el patinete deje de ser un juguete sin reglas?