La tormenta solar que podría causar apagones de meses
Imagínese entrando en su banca online con
20.000 euros de ahorro y encontrando un cero. Es uno de los escenarios que plantean los participantes a partir de una
tormenta solar extrema, capaz de afectar a la vez a la red eléctrica, las comunicaciones y el sistema financiero. La referencia es un estudio que cita uno de los participantes, recogido por la revista
Philosophical Transactions of the Royal Society A, que documenta una tormenta colosal que arrasó la Tierra hace 14.300 años. Sus autores sostienen que la próxima podría ser catastrófica. Y el margen de aviso es escaso: unos
tres días.
Qué dice el estudio sobre la tormenta de hace 14.300 años
El trabajo firma entre otros a
Tim Heaton, de la Universidad de Leeds, y su conclusión es difícil de exagerar sin parecer un vendedor de búnkeres. «Las tormentas solares extremas podrían tener enormes consecuencias en la Tierra», resume Heaton. El escenario que describe no es un apagón de tardes: «Estas súper tormentas podrían dañar permanentemente los transformadores de nuestras redes eléctricas, lo que provocaría apagones enormes y generalizados que durarían meses.»
La escala temporal es la parte incómoda. Se habla de un episodio documentado de
hace 14.300 años, no de una proyección de laboratorio. La probabilidad anual es baja; el coste, si toca, se mide en trimestres sin luz.
Por qué los transformadores son el eslabón débil
El estudio habla de daño permanente a los transformadores de la red, y ahí está el núcleo del escenario: el problema no es tanto la tormenta en sí como unos equipos que quedarían inutilizados y cuya reparación condiciona la duración del apagón.
Hay quien sostiene que el golpe se notaría antes en lo cotidiano. Lavadora, coche, internet, teléfono, ascensores, gasolineras, supermercados y bancos funcionan con microchips que una corriente inducida puede dejar fuera de combate. Hay quien advierte de que los hospitales sufrirían consecuencias especialmente graves, con todo lo que eso implica.
¿Se puede prever una tormenta solar o un asteroide?
Aquí las cosas se separan. Un terremoto o un tsunami no se anuncian. Un asteroide grande sí puede detectarse, aunque a menudo
demasiado tarde: entre uno y tres días de margen. Una tormenta solar viaja con un retraso más previsible: alrededor de
tres días desde que se detecta la expulsión de material solar hasta que llega. Un margen escaso para prepararse.
De fondo queda una sospecha de manual: cuando el asunto es verdaderamente gordo, la alerta no suele llegar por adelantado. La fotografía que difundió el observatorio solar de la NASA, con una grieta en la atmósfera del Sol de casi
800.000 kilómetros escupiendo viento solar hacia la Tierra, alimentó esa sensación.
El sistema financiero, sin red: cuentas con saldo cero
Sin electricidad no hay servidores, ni nube, ni datáfonos, ni cajeros. El dinero seguiría existiendo en teoría y sería inalcanzable en la práctica. La imagen que resume el miedo es la de una cuenta con 20.000 euros que amanece a cero, sin que nadie haya robado nada.
Las derivadas son menos glamurosas de lo que parece. Hay quien dibuja el transporte parado y las gasolineras y supermercados sin suministro, y quien directamente propone volver a una sociedad feudal, con el consuelo de que burros no iban a faltar. Otros hablan del fin de la burbuja digital: discos duros borrados y mensajes entregados en mano.
Del riesgo real al ruido conspiranoico
Junto al dato científico convive la coctelera habitual. Aparecen la cúpula de cristal, el Sol sin atmósfera, el espacio como fraude y la sospecha de que cualquier evento sería en realidad provocado para justificar algo. Nada de eso tiene respaldo. También circula la hipótesis de que una tormenta solar sería la coartada perfecta para interferir satélites de alerta temprana. Es especulación, no dato.
Entre medias, la ocurrencia fiscal: si hay que salvar el planeta de los vientos solares, alguien propondrá un impuesto europeo para financiarlo. La broma es recurrente y sirve de termómetro del cansancio que genera el tono apocalíptico.
El precedente del 1177 a.C. y el derrumbe de una civilización
Hay un paralelismo histórico que se cita para dar perspectiva: el colapso del final de la Edad de Bronce, hacia el 1177 a.C., estudiado en
El año en que la civilización se derrumbó, de Cline. Allí se sitúa un cambio climático. La lección que se extrae es que las civilizaciones complejas no caen por un solo golpe, sino por la suma de golpes que ya venían de antes.
Queda un detalle que descoloca. Ante la amenaza de apagones generalizados de meses, la única respuesta práctica registrada en el hilo fue salir a por todo el papel higiénico disponible. Mientras tanto, la grieta solar que se fotografió mide casi 800.000 kilómetros. Casi nada.