Gisbert graba en Donetsk entre acusaciones de propaganda y croma
¿Un corresponsal de guerra o un actor con casco? El primer vídeo de
Rubén Gisbert desde Donetsk ha reabierto esa pregunta en cada esquina de la red. El youtuber aparece con chaleco, casco y micrófono recorriendo una finca destrozada y varias calles de la ciudad mientras cuenta lo que ve y lo que, sostiene, no llega a las televisiones. Hay quien lee ahí un trabajo de campo; hay quien ve, directamente, un anuncio con lágrimas. El material no ha dejado indiferente a nadie.
Qué se ve en el primer vídeo de Gisbert desde Donetsk
El recorrido arranca en una vivienda arrasada —
una finca hecha migas, en palabras de quienes lo resumen— y sigue por calles donde, según el propio relato, la vida mantiene cierta normalidad. El autor habla de
Donetsk y de
Lugansk, promete una visión alternativa del conflicto y menciona supuestas violaciones de derechos que, asegura, no aparecen en los grandes medios. La descripción que hace de Ucrania es la que más ha calentado el ambiente: hay quien interpreta que su relato desliza que el país invadido no tendría derecho a defenderse ni a mantener su integridad territorial. Ahí el vídeo deja de ser un reportaje y se convierte en munición política.
Del “le ha echado huevos” a la acusación de propaganda rusa
La reacción se parte en dos. De un lado, quien aplaude el desplazamiento y sostiene que un tipo con comodidades en España se meta en una zona de guerra a grabar lo que otros no graban merece, como mínimo, reconocimiento; se lee incluso que ha demostrado tenerlos bien puestos y que los que lo critican desde el sofá no pisarían el país ni en sueños. Del otro, la sospecha. Una parte de la conversación lo sitúa como vocero del Kremlin, asegura que repite el guion que Rusia emite desde hace años sobre Donetsk y Lugansk y llega a hablar, sin aportar prueba alguna, de propaganda e incluso de
espionaje. La acusación más repetida no es jurídica, sino de mercado: el producto que vende.
El casco, el croma y la señora con la bolsa de la compra
El detalle que más se ha explotado no es lo que dice, sino el fondo. Varios mensajes señalan la contradicción entre el tono de urgencia del grabado y una escena que describen como tranquila: vecinas con la bolsa de la compra, algún restaurante abierto, nada que recuerde a un frente activo. De ahí salta la palabra maldita:
croma. Para una parte del público, el casco y el chaleco son atrezo y Donetsk, más un decorado que una trinchera. Quien defiende el vídeo responde con el argumento obvio: en una ciudad bajo control ruso y lejos de la línea de fuego, la vida normal no prueba nada. Ninguna de las dos versiones se sostiene con más que una impresión.
De la Radio Libertad Constituyente al canal de YouTube
Parte del recelo viene de lejos. Gisbert se movió años en el entorno de
Antonio García-Trevijano, el jurista que impulsó la llamada democracia formal, y pasó por la Radio Libertad Constituyente antes de montar su propio canal. Quienes lo trataron entonces lo retratan como alguien que competía por el favor del maestro, y su canal, según esas mismas voces, es un
totum revolutum que no acaba de encontrar su sitio. La etiqueta de vendido no nace del vídeo de Donetsk; lo que hace el vídeo es reactivarla con una puesta en escena mucho más potente.
La pareja, la búsqueda y captura y el abuelo valenciano
En paralelo circulan dos asuntos que mezclan lo personal con lo diplomático. El primero, su relación con
Liu Sivaya, con quien ha compartido desplazamientos por la zona; en el vídeo, según se comenta, aclara que la pareja va por libre. El segundo es más serio: varios mensajes afirman que las autoridades ucranianas lo tienen en busca y captura, algo que se cita sin documento a la vista y que conviene tratar como lo que es, una afirmación sin verificar. A ese cuadro se suma la liberación del llamado abuelo valenciano, un detenido que, según esta línea, habría servido como moneda de cambio si al youtuber le llega a pasar algo.
La OTAN, de fondo
El vídeo ha servido también para reabrir el eterno pleito sobre la Alianza. Unos sostienen que sin la OTAN España tendría que dedicar a defensa una porción de su presupuesto muy superior a la actual; otros recuerdan que ese paraguas no movió un dedo en la frontera sur ni evitó compromisos que siguen doliendo. Es el ruido de fondo de cualquier conversación sobre Ucrania: antes de discutir lo que graba un youtuber, se discute de qué lado debería estar España.
Queda por saber si el siguiente destino de Gisbert es una ciudad sitiada de verdad o un plató con pantalla verde. De momento, lo único en lo que coinciden todos es en que el vídeo existe.