El PP ofrece Canarias al PSOE y su electorado mira a Vox
¿Se puede ganar unas
elecciones y regalar el Gobierno al que quedó segundo? Llevado al extremo, eso es lo que se atribuye al PP en Canarias: haber trasladado al PSOE la oferta de la presidencia autonómica por ser la lista más votada, con el añadido de que, si no prospera, será por la negativa socialista y no por la suya. La versión circula atribuida a una cuenta que sigue la actualidad isleña y ha reabierto, en pleno ciclo electoral, la herida más incómoda del partido: qué se hace con el voto de quien ya votaba con la nariz tapada.
Qué se atribuye al PP en Canarias
La operación, tal como se describe, tiene una contabilidad sencilla: el PP se compromete a facilitar la presidencia canaria a la candidatura más votada, que fue la socialista, y se reserva el relato de que el bloqueo llegará del otro lado si la oferta no cuaja. El movimiento traslada el coste del pacto a la otra formación y, de paso, esquiva la foto que el partido lleva meses intentando no protagonizar. La contrapartida es la que nadie parece haber medido:
el elector que sostiene la marca con resignación y que ahora ve cómo su voto se usa como moneda de cambio.
Que el gesto se anuncie, se filtre o se deje caer importa menos que su efecto. En el fondo late una pregunta de estrategia pura: si el PP va a gobernar con apoyos a su derecha, ¿para qué enseñar antes la carta al rival? La respuesta que se da en voz baja es que la carta se enseña precisamente para que el desgaste lo pague otro.
El votante que se siente moneda de cambio
El malestar no viene de la izquierda. Viene de quien votó al PP y descubre que su papeleta sirve para investir al adversario. La reacción más repetida es la del
dolor de espalda: la sensación de haber recibido una puñalada por detrás del propio partido. Y de ahí salta el aviso clásico:
cada gesto de este tipo se traduce en abstención dentro de casa o en un voto que se marcha a Vox.
No es un enfado nuevo, sino la enésima capa de un cabreo acumulado. La acusación que recorre los comentarios es la de cobardía institucional: se pide el voto con dureza contra el Gobierno y luego, a la hora de la verdad, se cede el terreno. Quien ya votaba con la pinza en la nariz, dice el argumento más repetido, simplemente dejará de ir a votar. Y ese cálculo, en un sistema donde unos miles de papeletas deciden escaños, no es retórica.
¿Por qué el PP no puede sumar con Vox en Canarias?
Porque la aritmética no llega. El propio seguimiento del recuento apunta a que las dos formaciones de la derecha no alcanzarían
los 31 escaños necesarios para investir gobierno en las islas. Si esa suma no existe, la oferta al PSOE deja de ser una generosidad y se convierte en una coartada: sirve para decir que se intentó todo y que el bloqueo es ajeno.
Hay quien ve en ello una estrategia electoral bien ejecutada y quien ve un error de cálculo a pocas semanas de la cita con las urnas. El escenario que más se repite es el de una jugada diseñada para no tener que justificar un pacto con la derecha, dejando que sea la negativa socialista la que cargue con el desgaste. El problema es que el desgaste ya tiene nombre y apellidos: el votante propio.
El fantasma del gran pacto PP-PSOE
A partir de aquí el debate se desborda. Media conversación deriva hacia la sospecha de que lo que se está ensayando en Canarias es el prólogo de un entendimiento mayor entre los dos grandes partidos tras las generales. La sospecha se refuerza con una información recogida por
elEconomista: el líder del PP no barajaría derogar la reforma laboral aprobada con consenso patronal y con Bruselas de fondo, con el argumento de que un cambio legal tendría consecuencias impredecibles sobre los fondos europeos.
Para un sector del electorado, ahí está la prueba: se promete revertir y luego se administra lo heredado. La profecía que más circula, atribuida a Espinosa de los Monteros, es la de una España de dos partidos al estilo estadounidense, con una derecha y un centroizquierda que en la práctica se alternan sin romper nada.
Si los dos grandes pactan, el votante de uno y de otro sobra.
El desenlace que nadie firma
Queda la pregunta que el PP no responde: si su electorado es la pieza que se mueve en el tablero, ¿a qué precio se compra la gobernabilidad? La oferta canaria sigue sobre la mesa, sin cerrar, y el cálculo de escaños sigue sin dar la mayoría por un lado. Mientras tanto, el votante que se sentía engañado hace tiempo ya tenía el manual: le avisaron de que esto pasaría y aun así fue a votar. El próximo 23 de junio sabremos cuántos aprendieron la lección y cuántos decidieron castigar al partido quedándose en casa, que es la forma más elegante de no traicionar a nadie.