Año 2009, en plena crisis.
Acababa de leer el libro de "El hombre más rico de Babilonia" con mi compañero de piso, y estábamos muy interesados en buscar formas de generar ingresos.
Buscamos en internet, y había una clínica de fertilidad en la ciudad (capital de provincia de Andalucía).
Llamé y me dijeron que primero nos hacían unas pruebas (análisis de sangre y de leche) para ver si éramos aptos.
Mi colega se echó atrás y al final fui solo.
Pasé las pruebas y me dijeron que solo podía donar un máximo de 10 veces. No podía fumar, beber alcohol ni consumir drojas, y además tenía que estar al menos 3 días sin culminar.
Me llevaron a una habitación que tenía revistas eróticas y una tele con DVDs para poner películas de distintas temáticas. Las enfermeras eran atractivas pero no querían entrar conmigo.
Lo más raro era que después de depositar la muestra en el tarrito, tenía que salir de la habitación con el vaso en la mano, y estar en la misma sala de espera de parejas que tenían problemas de fertilidad. Eso era muy incómodo para mí.
Lo otro que me sorprendió era que las enfermeras cogían el tarrito con la mano sin ningún angustia, como si fuese una botella de agua.
Una vez manché el tarrito por fuera y cuando la enfermera lo tocó, sacó una servilleta y se limpió la mano. Pero no le dio angustia, ni tampoco hizo alguna expresión.
Al final solo pude donar 6 veces. Me dijeron que había llenado demasiado los tarros y ya no necesitaban más.
Pagaban 50 euros por donación, que se dividían en 30 euros al momento de la entrega, y 20 euros 6 meses después donde tuve que hacerme otros análisis de sangre para asegurar que yo no tenía nada raro.