Junts exige condonar el FLA y 450.000 millones de deuda histórica
La cifra es de las que no se pagan ni en una legislatura. Junts sostiene que «la
deuda histórica del Estado con Cataluña supera los 450.000 millones de euros» y lo ha dejado por escrito en las conclusiones presentadas en una comisión del Parlamento catalán. La letra pequeña añade el primer pago exigido: la condonación de lo que la comunidad debe al Fondo de Liquidez Autonómica, el FLA, una cantidad que roza los 72.000 millones. Todo ello mientras el candidato del PP, Alberto Núñez Feijóo, encara el intento de investidura que el guion da ya por fallido.
El desglose de los 450.000 millones que reclama Junts
Tres partidas. 50.900 millones por déficit de infraestructuras, 375.000 millones en partidas sociales y 30.000 millones en pensiones. Es un cálculo político de la formación, no una liquidación oficial.
Junto al dinero, el partido de Carles Puigdemont reclama el traspaso a la Agencia Tributaria de Cataluña de las competencias para recaudar todos los impuestos en la comunidad y la gestión de un sistema propio de pensiones. Traducido al lenguaje de la caja: la recaudación entera en manos de la Generalitat, con la Seguridad Social catalana como horizonte.
ERC ya había puesto su propia cifra: 456.000 millones
Una semana antes, Esquerra Republicana presentó un informe que alude a 456.000 millones de deuda histórica del Estado desde 1986, cantidad que uno de los comparecientes en la comisión puso sobre la mesa. Los republicanos piden lo mismo en materia fiscal: que Cataluña recaude todos sus impuestos hasta lograr la independencia. Dos formaciones que compiten por el mismo electorado llegan a la mesa de Pedro Sánchez con listas casi idénticas.
La factura: 72.000 millones del FLA y 450.000 de deuda histórica
Sumen: 72.000 más 450.000. Una corriente de análisis lo lee directamente como chantaje: una cantidad imposible colocada a propósito en el escaparate para que la rebaja posterior parezca un favor. La táctica tiene precedente y el pronóstico es siempre el mismo: pedir la luna para que aceptar un cuarto parezca sensatez.
Otra lectura, menos épica y más contable, sostiene que el objetivo real nunca fue el gran relato, sino los 70.000 millones del FLA, y que las cifras enormes sirven para que ese objetivo pase por mal menor. Hay quien recuerda, de paso, que la deuda histórica ya se ha cobrado varias veces —en investiduras y en presupuestos— bajo otros nombres.
¿Puede el Estado condonar el FLA sin desfinanciar al resto?
Aquí es donde el cálculo se atasca. Una tesis que circula en el debate sostiene que el Gobierno no imprime moneda a demanda y depende de lo que se decida en Europa, y que una quita de ese tamaño obligaría a detraer el mismo importe del resto de autonomías durante años. Quienes defienden esa lectura añaden que las cuentas autonómicas ya están en el límite y que un recorte extra para entregárselo a una sola comunidad no se sostiene fuera de Cataluña.
El agravio del resto y la propuesta del café para todos
Aparece aquí el argumento que envenena cualquier negociación territorial: si Cataluña condona su deuda, ¿por qué no Valencia, Andalucía o Madrid? Según un cálculo que circula, Madrid aporta al fondo común alrededor del 70%, frente al 29% de Cataluña, y el concierto económico vasco funciona como privilegio fiscal sin que nadie lo cuestione. De ahí sale la propuesta más repetida: café para todos, concierto económico para cada comunidad y que cada una se junte como quiera.
El Govern mantiene, por su parte, su propia cifra de agravio: un déficit fiscal de 22.000 millones que califica de escandaloso. Cataluña, dice, no recibe lo que aporta.
El silencio de Borrell y el libro que, según esta versión, desmontó las cuentas
Una parte de la conversación reclama la intervención de Josep Borrell, que en su día, según esta versión, desmontó en un libro las cuentas del independentismo y que ahora guarda silencio desde su puesto europeo.
Con la investidura de Feijóo camino del fracaso y la de Sánchez pendiente de una aritmética que solo cierra con los independentistas, la pregunta ya no es si se pagará la deuda histórica —esa cifra no tiene recorrido material—, sino cuántos miles de millones del FLA desaparecerán del balance con otro nombre. Por ahora nadie pone el número final.