Un piso alquilado o un depósito al 1,5%: dónde van los 100.000€
¿Qué conviene más con 100.000 euros: comprar un piso para alquilarlo o dejarlos en un depósito con interés compuesto? El planteamiento clásico fija dos condiciones —un interés del
1,5% y una amortización a
20 años— y con esos mimbres la respuesta se estrella rápido contra la aritmética. Cien mil euros al 1,5% generan
1.500 euros al año, y eso antes de impuestos. La inflación hace el resto.
El punto de partida admite trampa: el tipo es tan bajo que cualquier comparación sale sesgada. Y de ahí sale justo lo interesante, porque obliga a elegir entre un activo que rinde poco y otro que rinde más a cambio de trabajo, riesgo y desembolsos que nadie apunta en la primera visita al notario.
Un 1,5% que pierde contra la inflación
El diagnóstico más repetido es tajante: con un nominal del 1,5% no se gana dinero, se pierde. Los intereses no cubren la depreciación del capital por la inflación, así que el depósito conserva el número y se come el poder de compra. Para que la opción conservadora tenga sentido hay que subir el tipo. Al
3%, esos 100.000 euros dejan
3.000 euros al año sin tocar nada y sin inquilinos.
Ese es el suelo de la comparación.
¿Cuánto renta un piso de 100.000 euros alquilado?
El abanico real es amplísimo. Hay viviendas valoradas en
30.000 euros que se alquilan por
450 euros al mes, una rentabilidad que en bruto parece absurda frente al valor del inmueble y que explica por qué muchos propietarios las mantienen pese a todo. En el otro extremo, hay quien calcula que a un piso se le pueden sacar 800 o 1.000 euros al mes antes de gastos.
Luego llega la letra pequeña. La compra se traga impuestos que, según la comunidad autónoma, rondan el
10% del precio: unos 10.000 euros que se esfuman antes de cobrar el primer recibo. Traducido: hasta dos años de alquiler perdidos solo para salir del punto de partida. A eso se suman IBI, seguros, comunidad, derramas y reparaciones.
El desgaste del ladrillo a 20 años
Los inmuebles envejecen, y eso tiene precio. Las estimaciones que circulan hablan de una depreciación real de entre el
1,5% y el 2% anual si no se reserva dinero para mantener el estado del piso. Un parque construido en gran parte con vida útil de 50 años convierte esa cifra en una factura aplazada.
El caso del bloque caído en Badalona funciona como recordatorio incómodo: un forero recuerda que sus viviendas llegaron a venderse en
300.000 euros en plena burbuja. Cuando se paga eso por una construcción antigua, no queda margen ni para una reforma integral, y menos para una reconstrucción. La renta del alquiler se va en sostener el edificio.
Indexados y monetarios: la alternativa que gana en la hoja de cálculo
Frente al ladrillo aparecen dos instrumentos con números duros. Un fondo indexado al
MSCI World con acumulación y comisiones bajas rinde, según los cálculos que se manejan, un
8% anual de media a 20 años, sin pagar impuestos hasta el rescate. Y el
S&P 500 con dividendos reinvertidos acumuló un
205,71% nominal en ocho años; descontada la inflación, el rendimiento total se queda en el 133,46%.
Los fondos monetarios cubren el otro flanco mientras los tipos acompañen: en torno al
4% sin riesgo.
Okupas, impagos y regulación: el riesgo que no sale en el cálculo
Aquí el debate se vuelve político y menos numérico. Una parte del análisis sostiene que el marco regulatorio actual deja al propietario desprotegido ante impagos y ocupación, y que cualquier cambio normativo puede pillar al inversor con el activo inmovilizado y sin capacidad de reacción. Enfrente pesa el argumento contrario, defendido por otros foreros: la vivienda es un bien real y tangible, que no se evapora en un servidor, y según ellos el ladrillo siempre acaba encontrando inquilino.
El trabajo también cuenta. Buscar arrendatario, resolver averías, negociar subidas y gestionar seguros es tiempo que nadie factura. Un fondo no se ensucia ni hay que fregarlo.
El resultado: casi nadie defiende el depósito al 1,5%
La ironía final es que la opción planteada —el depósito con interés compuesto— apenas encuentra defensores cuando el tipo es del 1,5%. Quien quiere prudencia se va a monetarios; quien acepta volatilidad, a indexados; quien aguanta inquilinos, al ladrillo. Lo que nadie firma es perder dinero despacio con la excusa de no arriesgar.