Vender la cartera para pagar la entrada del piso: ¿buena idea?
¿Merece la pena liquidar una cartera de 33.000€ que reparte 1.400€ netos al año para pagar la entrada de una vivienda de 100.000€? Esa es la pregunta que abre el caso: un trabajador indefinido de Extremadura, con 1.237€ netos de nómina, 400€ de alquiler y una cartera de dividendos valorada en 33.000€ que le reporta unos 1.400€ al año en dividendos netos. Con esos números sobre la mesa, la compra de una vivienda de entre 80.000€ y 100.000€ obliga a decidir entre descapitalizarse o esperar.
El cálculo que él mismo pone encima de la mesa es el que ordena todo: al precio del piso hay que sumar un 12% entre impuestos, notaría y gastos de hipoteca, lo que eleva el desembolso real a 112.000€. El banco le pide el 20% de entrada, es decir, 22.400€, más muebles y pintura, entre 4.000€ y 5.000€. La hipoteca que le ofrecen ronda una TAE del 4,7% bonificada o del 5,1% sin bonificar, con cuotas de 350€ o 394€ al mes. La conclusión incómoda: pagaría lo mismo o más que de alquiler, perdería los 110€ mensuales de dividendos y sumaría IBI, seguro y comunidad.
Qué dicen los números del caso
El ahorro mensual actual es de 200€ destinados a inversión y 50€ a ahorro, con una reserva de 5.000€ que lleva seis meses congelada. La alternativa que él plantea es redirigir esos 200€ más los 110€ de dividendos hacia un colchón de 350€ al mes, lo que le llevaría hasta finales de 2025 o 2026 sin descapitalizarse. Es decir, entre tres y cuatro años de espera para no tocar la cartera.
La corriente que defiende comprar ya se apoya en un argumento simple: el alquiler es dinero que no vuelve. «Alquilar es tirar el dinero si no tienes planes de moverte por motivos laborales», resume una postura repetida. En el extremo opuesto, hay quien sostiene que descapitalizarse para comprar una vivienda es un error, sobre todo cuando el alquiler actual está contenido y la cartera genera rentas. La opción intermedia que gana peso es la del piso pequeño y barato: menos entrada, menos hipoteca y una cuota que puede quedar por debajo del alquiler actual.
El riesgo que nadie quiere mirar
El escenario adverso aparece en varios análisis: una derrama en un edificio viejo, una pérdida de empleo o una subida del alquiler que rompa el equilibrio. La respuesta más repetida es que la vivienda en propiedad blinda frente a esa última amenaza, porque la cuota se congela mientras el alquiler sube. El contraargumento es que la hipoteca también es una soga: si el sueldo es justo, cualquier imprevisto pesa más con un préstamo a 25 años que con un contrato de alquiler.
La evolución del caso, año y medio después, añade un dato relevante: el salario ha subido hasta 25.000€ brutos, unos 1.654€ netos al mes, por encima de lo previsto. Con más ingresos y más ahorro, la balanza se inclina hacia la compra, pero el precio de la vivienda también ha subido en el mismo periodo. La recomendación que se impone es buscar ya, sin prisa pero sin pausa, y no esperar a una crisis que nadie sabe cuándo llegará.
Al final, la decisión sigue siendo la misma que al principio: comprar un piso es una apuesta a que el alquiler subirá más que la hipoteca. Si aciertas, ganas tranquilidad. Si fallas, tienes un activo que puedes vender. Ironía fina para un país donde la vivienda es a la vez refugio y trampa.