Un vídeo de funcionarias con sueldo de 3.000 euros reabre la grieta estética y laboral
Que las plazas públicas atraen a un perfil concreto es un secreto a voces. Que ese perfil incluya, según algunos observadores, ausencia de tatuajes, formas «femeninas» y una jornada reducida de 20 horas semanales, es lo que ha encendido un debate tan polarizado como old school. En el centro: un vídeo que circula desde hace días, sin fuente clara, que muestra a un grupo de empleadas públicas –mayoritariamente mujeres, todas delgadas, sin piercing ni tinta en la piel– en una oficina. El dato que más chirría: un salario de 3.000 euros mensuales por una carga laboral que, siempre según la discusión, rondaría las 20 horas.
Salario, tiempo libre y un ideal estético
La corriente que defiende este modelo –que no es una defensa expresa, sino una constatación de que «así son las cosas»– argumenta que la combinación de sueldo público (en torno a 3.000 €), horario reducido (20 horas, una cifra que ningún convenio reconoce oficialmente) y una estética cuidada (sin tatuajes, pelo liso y cuerpos «blanditos pero no gymrat») representa el techo de la calidad de vida. «Mil veces mejor que con una mujer llena de tatuajes a la que tienes que mantener», resume uno de los planteamientos más duros. Aquí late una idea subyacente: la plaza pública como filtro de un perfil femenino concreto, donde la apariencia y la estabilidad económica van de la mano.
La otra cara: elitismo y caricatura
En el otro extremo, la réplica no se hace esperar. «Las tienes idealizadas», suelta otro comentario que recuerda que en muchos ayuntamientos las funcionarias no responden a ese estereotipo. Hay quien va más allá y califica el vídeo de «repulsivo», pidiendo enviar a todos los participantes al ejército. La crítica se centra en dos ejes: primero, que el sueldo de 3.000 € no es la media de los empleados públicos –el salario medio en la administración ronda los 2.200 € brutos–, y segundo, que la jornada de 20 horas es una leyenda urbana. «Huelo a empleado público y me da asco», remata un usuario, reflejando una animadversión que trasciende lo estético.
¿Qué hay de cierto en los números?
Los datos oficiales no respaldan el mito de las 20 horas ni el salario de 3.000 € generalizado. Según el último Boletín Estadístico del Personal al Servicio de las Administraciones Públicas, el salario medio de un funcionario en España ronda los 2.200 € brutos mensuales para jornadas completas de 37,5 horas. Sin embargo, sí es cierto que ciertos cuerpos –técnicos, inspectores, altos cargos– pueden alcanzar los 3.000 €. La discusión, por tanto, no es del todo ficticia: alude a un segmento concreto, pero no a la mayoría. La jornada de 20 horas, por su parte, no existe en ningún convenio salvo reducciones por guarda legal o media jornada, que implican una merma salarial proporcional.
Detrás del ruido, lo que emerge es una tensión real entre la percepción del empleo público como privilegio –sueldo estable, horario flexible, menos estrés– y la realidad estadística. Pero también un debate estético que, aunque parezca antiguo, sigue vigente: ¿por qué en cierto imaginario colectivo la funcionaria ideal es delgada, sin tatuajes y con una jornada que deja tiempo para cuidarse? La respuesta, como casi siempre, no es única.