¿Nueva técnica de fisioterapia o el último timo de las redes?
¿Puede llamarse fisioterapia a un tratamiento sin respaldo científico que se promociona con dibujos ambiguos y aromas de feria? La pregunta no es retórica. Una supuesta técnica que circula estos días ha provocado de todo menos consenso: hay quien la defiende como complemento, quien la reduce a chiste y quien ve en ella el enésimo síntoma del intrusismo.
El problema no es la ocurrencia de turno. El problema es que el término “fisioterapia” se usa a la ligera para productos que nada tienen que ver con la evidencia clínica. Aromaterapia, masajes milagro, influencias orientales sin base… El listado de técnicas “revolucionarias” que se cuelan en
redes sociales crece más rápido que los estudios que deberían respaldarlas.
La salud no se decide por likes
Un vídeo o una infografía con buena factura no convierte un procedimiento en tratamiento. Los colegios profesionales de fisioterapia llevan tiempo advirtiendo contra estas prácticas, que además de engañar al paciente pueden empeorar lesiones reales. Que una sesión acabe en anécdota vergonzosa —una flatulencia inoportuna, según un relato que circula— es lo menos grave si detrás no hay diagnóstico ni supervisión.
Qué pedir antes de someterse a cualquier terapia
Cualquier tratamiento serio exige unas condiciones mínimas: titulación verificable, evaluación previa, explicación de riesgos y, por supuesto, un espacio clínico. Si alguien te ofrece una “nueva técnica” sin estudios que la avalen y con promesas de resultados inmediatos, desconfía. Más aún si el precio sube en función de los extras.
La evidencia es aburrida, pero funciona. Lo demás, cuando tiene gracia, es
humor; cuando no la tiene, es negocio. Y como siempre ocurre con la
salud, pagar el precio de la ocurrencia suele salir caro en más de un sentido.