Hispanismo: orgullo por España, rechazo a la hispanidad
En el contexto de las conmemoraciones del 12 de octubre, un debate recurrente vuelve a la superficie: ¿tiene sentido reivindicar la herencia hispánica cuando una parte de los países latinoamericanos rechaza con hostilidad todo lo español? La discusión, que se ha prolongado durante casi dos años en un foro de economía, arranca con una provocación: «Aún si la mayoría amaran a España yo la rechazaría, pero es que incluso los que viven entre nosotros muestran un resentimiento infinito». La frase condensa la tensión entre el orgullo por el pasado imperial y la constatación de que ese legado no genera simpatía en buena parte de América Latina.
El hilo, que acumula 139 respuestas, no es un monólogo. Hay quien defiende que el hispanismo es una corriente noble de reivindicación cultural, y quien sostiene que se ha convertido en una etiqueta para blanquear políticas migratorias o para tapar complejos. La discusión deriva hacia la demografía, la economía y la geopolítica, con menciones a la inmigración latinoamericana en España, a los intereses empresariales y a la influencia de potencias extranjeras.
El rechazo al 12 de octubre y la leyenda negra
El detonante del hilo son varios tuits que circulan por redes sociales. Uno de ellos muestra una bandera wiphala ondeando sobre la estatua derribada de Colón en Barranquilla, Colombia. Otro, del diputado Gerardo Pisarello, pide «perdón y decir ‘nunca más’ al colonialismo y al racismo» en el 12 de octubre. Varios mensajes reproducen etiquetas como #NadaQueCelebrar y califican la fecha como genocidio. Frente a esto, algunos participantes argumentan que la leyenda negra es una construcción anglosajona y que las enfermedades europeas, no un plan de exterminio, causaron la mayor parte de las muertes indígenas.
La discusión se enreda con la política actual. Se menciona a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y a su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, como ejemplos de líderes que, según algunos participantes, promueven el indigenismo y el odio a España. Un mensaje señala que «AMLO es nieto de cántabro» y se pregunta cómo puede ser «más tonto». La ironía sirve para subrayar la paradoja de que dirigentes con ascendencia española alimenten el relato anti-hispánico.
Hispanismo, inmigración y tercermundización
Una de las derivadas más polémicas del hilo es la que conecta el hispanismo con la inmigración latinoamericana. Varios mensajes sostienen que el hispanismo es «un movimiento para el blanqueamiento de la invasión panchita» y que quienes lo defienden son «patriotas de pulserita» que silencian los problemas de la inmigración. Se argumenta que las élites prefieren inmigración latina antes que magrebí o africana por razones culturales y empresariales, y que el discurso hispanista apuntala esos intereses.
Otros participantes rechazan esta lectura y defienden que el hispanismo es compatible con el orgullo por España sin necesidad de abrazar a quienes les desprecian. «Ser hispanista no implica que quiera relacionarme con panchisimios», escribe un participante. La discusión se encona cuando se menciona que muchos inmigrantes latinoamericanos llegan a España con un odio preconcebido, mientras que otros defienden que la mayoría no rechaza a España y que solo una minoría ruidosa lo hace.
El papel de los criollos y los mestizos
El hilo introduce una distinción entre criollos (descendientes de españoles nacidos en América) y mestizos. Un mensaje afirma que «los criollos nos aprecian, con algunas excepciones, y algunos de los mestizos también, como paraguayos y cubanos». Otro responde con dureza: «Los criollos, caso de boludos de apellido impronunciable, son los que más nos desprecian». La discusión deriva hacia la composición étnica de países como Argentina y México, y hacia el resentimiento de clase entre europeos y americanos.
La conversación también aborda el papel de los gobiernos latinoamericanos en la promoción del indigenismo. Se afirma que «casi todos los gobiernos letrinoamericanos promueven el indigenismo y el odio a España desde hace décadas», con la excepción de Fidel Castro, hijo de un gallego que nunca fue votado. La mención a Castro sirve para introducir la idea de que el rechazo a España no es unánime ni responde solo a agravios históricos.
Geopolítica: anglofobia y propaganda rusa
Un participante señala que el hispanismo actual mezcla «la anglofobia, muy promocionada por la propaganda rusa, y la idealización de los indígenas». La acusación de que el hispanismo sirve a intereses geopolíticos ajenos a España genera un subdebate sobre la influencia de Rusia y de los países anglosajones en la narrativa histórica. Se menciona que la leyenda negra fue propiciada por los anglos, pero también que España colaboró con el indigenismo para poner fin a lo que se describe como «imperio antropófago» precolombino.
La discusión se vuelve conspirativa cuando un mensaje acusa a una cuenta de ser «NAFO-sionista creada anteayer para desinformar» y pide ignorarla. El señalamiento refleja la desconfianza hacia cualquier crítica al hispanismo, que a veces se interpreta como parte de una campaña externa contra España.
El hispanismo como coartada económica
Más allá de la historia, el hilo introduce un argumento económico: el hispanismo serviría para justificar la inmigración latinoamericana como mano de obra barata y para mantener intereses empresariales españoles en América Latina. «El hispanismo o españolismo ha sido tomado por los liberales para tercermundizar España y así rebajar sueldos, aumentar los precios del alquiler y seguir con la agenda de sus amos», sostiene un mensaje. La idea de que el discurso cultural encubre una operación económica resuena en un foro donde la crítica a la inmigración y a las políticas laborales es habitual.
Otros participantes rechazan esta interpretación y defienden que el hispanismo es una reivindicación cultural legítima, sin implicaciones económicas. La discusión se cierra sin consenso: mientras unos ven en el hispanismo una herramienta de blanqueamiento, otros lo consideran una respuesta necesaria frente al odio anti-español.
El punto exacto donde el análisis se atasca es la imposibilidad de separar el orgullo por el pasado imperial de las consecuencias demográficas y económicas del presente. ¿Puede uno ser hispanista y a la vez rechazar la inmigración latinoamericana? ¿O es el hispanismo, por definición, una puerta abierta a la hispanidad? La discusión no llega a una respuesta, pero deja claro que el término está lejos de ser unívoco.