Sheinbaum gana en México y Morena logra mayoría absoluta
¿Qué ha pasado en México para que una sola coalición se lleve la Presidencia y las dos cámaras? Claudia Sheinbaum, candidata de Morena —el partido de Andrés Manuel López Obrador—, ha ganado las elecciones presidenciales y su formación ha obtenido mayoría absoluta en ambas cámaras y casi todas las gobernaciones en juego. La participación se quedó en poco más del 60%. Es la primera mujer que presidirá el país. El resultado no es un accidente: quien fuera alcaldesa de Ciudad de México, ingeniera especializada en energía y medio ambiente, llega al cargo con una biografía que mezcla academia, gestión local y una dependencia política que muchos dan por descontada.
Quién es Claudia Sheinbaum y por qué gana
Sheinbaum tiene 61 años y una formación técnica poco habitual en la política latinoamericana: ingeniera, experta en temas ambientales y de energía. Su paso por la alcaldía de Ciudad de México se valora como una gestión correcta, y en los debates electorales mostró soltura: las encuestas la dieron como ganadora de los mismos. Hay quien sostiene que ese perfil explica parte del voto masivo, interpretado como un respaldo a la continuidad de las políticas de López Obrador más que a la propia candidata.
En contra pesa el argumento de que su margen real de autonomía será mínimo. La lectura más extendida es que se trata de una continuidad tutelada por el expresidente, y que las decisiones clave seguirán saliendo del mismo círculo. No es una objeción menor cuando el partido controla además el poder legislativo y la mayoría de los estados.
El origen familiar que centró parte del ruido
La biografía de Sheinbaum ha alimentado un volumen considerable de comentarios por su origen familiar. De padres extranjeros, con raíces asquenazíes por vía materna, su perfil ha sido objeto de discusión en redes y medios. Una parte del análisis lo ha vinculado a supuestas agendas ocultas; otra simplemente lo ha tratado como un dato biográfico sin mayor trascendencia política. La propia candidata ha reivindicado su identidad judía en distintas publicaciones.
Ese ruido no ha impedido el resultado. El voto ha sido tan amplio que la interpretación más razonable es que el electorado mexicano ha respaldado el proyecto de Morena en su conjunto, no la biografía de su abanderada.
Una campaña marcada por la violencia
El proceso electoral ha sido el más violento registrado. El Gobierno reconoce 22 aspirantes asesinados, aunque grupos independientes elevan la cifra: Data Cívica reporta 31 y la consultora Integralia habla de 34, que suben a cerca de 250 homicidios políticos si se incluyen asesores, funcionarios y familiares. Más de 20 candidatos fueron asesinados y más de 100 tuvieron que solicitar protección militar por amenazas.
El dato descoloca cualquier análisis simplista. No se trata solo de una elección con ganador claro, sino de una elección celebrada bajo una presión criminal que condiciona la propia campaña. Los comicios también han estado salpicados de dudas sobre el recuento: el Instituto Nacional Electoral inició el recuento real de votos tras las PREP del domingo, y se han documentado discrepancias en mesas donde el resultado a pie de urna difería del publicado.
Qué espera al país: continuidad y dudas
El escenario que se abre es el de un poder concentrado. Morena controla la Presidencia, ambas cámaras y casi todas las gobernaciones en juego, lo que le permitiría impulsar cambios constitucionales sin grandes obstáculos. La pregunta que sobrevuela es hacia dónde los dirigirá.
En el plano económico, la primera señal ha sido la reunión de Sheinbaum con el fondo de inversión BlackRock, del que se afirma que está comprometido y entusiasmado con incrementar los proyectos de inversión en México. La lectura de algunos analistas es que el discurso ideológico convivirá sin problema con el capital extranjero. Otros ven en ello la prueba de que el cambio real será limitado.
México es, además, uno de los países iberoamericanos con una estructura productiva más diversificada, a diferencia de economías dependientes de un solo recurso. Ese colchón importa cuando se compara el escenario mexicano con otros procesos regionales.
Con mayoría absoluta, control territorial y un partido que responde a un solo liderazgo, el margen para gobernar sin contrapesos es amplio. Lo que no está escrito es si eso se traducirá en estabilidad o en un problema. Los mercados, de momento, parecen haber decidido que les da igual.