Gijón: vivienda a 180.000€ con lluvia, turismo y aire sucio
¿Es Gijón un buen sitio para vivir? La pregunta parece sencilla hasta que se le pone precio. En las localidades del Mediterráneo que se venían barajando, un piso decente arranca en
250.000 euros y aun así hay quien habla de cuchitriles. En Gijón, en cambio, aparecen dos pisos por
180.000 euros que no tienen mala pinta. La aritmética invita a mudarse. El resto de variables, bastante menos.
La consulta se ha prolongado durante más de dos años y medio y no resuelve la duda: la desmenuza. El resultado es incómodo. Casi nadie recomienda comprar a ciegas, la mayoría coincide en que el clima funciona como filtro real y varios avisan de que los precios asturianos también se están calentando. Mudarse por catálogo sale caro.
¿Cuánto cuesta comprar un piso en Gijón?
El diferencial con el Mediterráneo es el motivo por el que se abre el asunto. Frente a los 250.000 euros de la costa mediterránea y los
300.000 euros que se calculan en Benidorm para algo presentable, el mercado gijonés ofrece producto a 180.000. La advertencia llega rápido: en Gijón los precios también están subiditos y conviene revisar muy bien la vivienda concreta antes de ilusionarse con la foto de Idealista.
Hay un coste menos visible. Quien lleva una década de
alquiler en la ciudad reconoce que el precio de la vivienda va a acabar expulsándole. Y el mercado laboral no compensa: la ciudad funciona si se llega con empleo, con teletrabajo o con la jubilación resuelta. Para encontrarlo, el diagnóstico es malo. Eso condiciona cualquier cálculo de hipoteca.
¿Qué barrios de Gijón merecen la pena y cuáles no?
Gijón ronda los
300.000 habitantes y sus barrios están muy estratificados por nivel adquisitivo. Arriba de la tabla figuran Somió, Cabueñes, Viesques y Molinón, considerados de primerísimo nivel en calidad de vida. En Somió se levantan casoplones de finales del siglo XIX y principios del XX, levantados con fortunas de la minería y la metalurgia. Por esas calles se ha visto algún Ferrari, y hay constancia de un actor de renombre que se interesó por una casa junto al club de regatas y se dio la vuelta al no poder pagarla.
El escalón alto tiene su reverso. En zonas como Viesques hay quien describe una convivencia nula, miradas por encima del hombro y comentarios despectivos hacia quien no es propietario. Un matiz importante: el problema no es la clase alta de siempre, sino el recién llegado que se cree de clase alta.
Cimadevilla merece párrafo aparte. Es un pequeño pueblo marinero dentro de la ciudad, con encanto y con un problema serio: de mayo a octubre, todos los días, funciona como un fin de semana de agosto. Hostelería con horarios ininterrumpidos, licencias generosas y venta de alcohol desde los 16 años. Quien tenga horarios diurnos y quiera dormir, que mire otra cosa. Los desarrollos nuevos de las afueras son otra liga: pisos soleados y en altura pueden ser excelentes, pero para bajar a la playa hace falta coche o autobús.
¿Es tan malo el clima de Gijón?
Es el filtro que más gente descarta. Lluvia, humedad y meses de gris pueden con quien viene del sur. La recomendación más repetida es pasar quince días de vacaciones en noviembre antes de decidir nada. Lo resume una respuesta: si aguantas eso, la ciudad puede ser para ti. Otros apuntan que cada vez llueve menos y hay más días soleados, aunque el clima típico del norte exige costumbre.
La prudencia se impone en casi todos los casos. Alquilar una temporada antes de plantearse una compra es el consejo mayoritario. El ambiente de los tres meses de verano no se parece al de los otros ocho, así que probar fuera de temporada evita sorpresas caras.
Contaminación, AVE y turismo: los peros del relato
Hay un dato que se cita para enfriar el entusiasmo: Gijón figura en el puesto
15 de las 20 ciudades españolas con peor calidad del aire en PM10, con una media de
24,567. El contexto que se da es industrial: un puerto de graneles anexo y la única acería integral del país a menos de cinco kilómetros del centro. Frente a eso se argumenta que la ciudad es segura, plana y cómoda para moverse andando.
El turismo es la otra losa. La llegada de trenes de alta velocidad y de operadores de bajo coste multiplica visitantes para las mismas atracciones. Quien vive del sector lo celebra; quien trabaja fuera de él paga precios inflados en gastronomía, alquiler y compra. La comparación que se lanza es llamativa: frente a una ciudad equivalente como A Coruña, la sensación es que en Gijón hay por cinco de turistas. Entre los factores que se apuntan están el idioma, una hostelería ligeramente más barata en Asturias y un régimen de horarios y licencias muy permisivo.
Hay otra línea de respuestas que mezcla la queja por la llegada de población migrante con el deterioro de determinados barrios. Son apreciaciones sin ningún dato que las sostenga.
La conclusión de quien preguntó
El autor de la consulta volvió del viaje con la respuesta cerrada. No viviría en Gijón bajo ninguna circunstancia. Tampoco en Oviedo. Y de ahí saltó a una conclusión mayor: ninguna ciudad española, porque todas le recordaron a Madrid. Lo que sí encontró fue el hallazgo que buscaba, pueblos de entre 5.000 y 15.000 habitantes por la costa, con playas y naturaleza cerca.
Queda el dato incómodo. La ciudad ofrece vivienda a 180.000 euros, tiene barrios de primer nivel, es plana y segura, y aun así no convence a quien venía con el bolsillo abierto. Toda una lección sobre lo que un precio bajo esconde cuando el resto de la ecuación no acompaña.