Verano vs invierno: por qué preferir el frío no es una tara
Imagínese a las 2 de la madrugada, pegado a un ventilador que solo remueve aire caliente, empapado en sudor, con el ordenador amenazando con sobrecalentarse. Es la crónica de una noche de verano en un piso sin aire acondicionado. Para muchos, es el infierno que se repite durante dos meses cada año. Mientras tanto, en invierno basta un jersey y una manta para dormir del tirón.
La tara del calor: sufrimiento sin paliativos
El verano no es igual para todos. Quienes viven en un ático sin refrigeración, en Madrid o Sevilla, pasan de 27 a 29 grados dentro de casa por la noche. La temperatura basal de algunas personas ronda los 34-35 grados, con lo que el calor les activa; pero para la mayoría, el exceso térmico provoca deshidratación, mareos y un sueño de pésima calidad. Como se ha señalado, el frío permite añadir capas; el calor, en cambio, solo se resuelve con aire acondicionado o huyendo, soluciones que no todos pueden costear. Quienes sostienen que basta con poner el aire a 24 grados olvidan que no todo el mundo tiene 300 euros al mes para climatización, ni siquiera los 1.500 euros de un aparato eficiente.
El verano es para ricos (y turistas)
Una corriente de análisis apunta que el verano gusta cuando va asociado a vacaciones, costa y ocio. «El verano es para los ricos», se argumenta: quien puede permitirse no trabajar, tener piscina, aire acondicionado y tiempo libre lo disfruta. Para el resto, es una losa de tres meses de bochorno, con la agravante de que el turismo masificado encarece la vida. No es casual que muchos echen de menos los veranos de la infancia, cuando tres meses de vacaciones lo hacían llevadero. La adultez, con sus responsabilidades, convierte el estío en una prueba de resistencia.
Geografía del sudor: no todo el país es igual
El factor geográfico es determinante. En la cornisa cantábrica o en zonas costeras, el verano es suave y permite salir a cualquier hora. En el interior, la sensación térmica se vuelve asfixiante. «De Madrid para abajo es un infierno», se repite con frecuencia. La expansión de las olas de calor, que antes duraban un mes y ahora se alargan hasta dos, ha convertido en tórridos lugares que antes apenas sufrían las altas temperaturas. Este año, según previsiones meteorológicas, un «domo de calor» disparará los termómetros a partir del día 5.
El dato que descoloca
Con todos estos inconvenientes, el verano sigue siendo la estación estrella del marketing turístico. España aspira a recibir 150 millones de visitantes este año. Pero el mismo país que vende sol y playa a millones de turistas tiene a sus propios habitantes calificando la preferencia estival como una «tara». Quizá la paradoja se resuelva así: el verano es perfecto para quien puede escaparse de él.