Alcalá hace obligatoria la pulsera contra el calor para 400 operarios: ¿salud o negocio?
¿Sirve de algo una pulsera para que un barrendero no muera de calor? En Alcalá de Henares lo van a comprobar sobre el terreno. Más de 400 operarios de limpieza y mantenimiento urbano están obligados a portar estos dispositivos inteligentes durante el verano. La medida, presentada como un avance tecnológico para detectar de forma precoz los efectos del calor extremo, ha levantado un escepticismo que va de la ironía a la denuncia política.
La cifra no es menor: peones, conductores y operarios de soplado en la vía pública, todos con el dispositivo puesto. La justificación oficial es que se suma a las obligaciones legales de prevención de riesgos laborales, cuando las temperaturas superan el límite sanitario. Pero el recuerdo de episodios graves, como el barrendero fallecido por golpe de calor en Madrid o la lipotimia de una trabajadora en junio, planea sobre una polémica que mezcla seguridad, coste y postureo.
Porque aquí es donde las posiciones se separan. Hay quien sostiene que si tienes sed y bebes agua no necesitas una pulsera que, probablemente, cueste dinero público. Otros apuntan directamente a la industria: “¿Qué vendería el fabricante si no hubiera pulseras que vender?”. Y no falta la lectura política: unos acusan al PP de sacar a los barrenderos a la calle con calor; los otros replican que con el PSOE los veranos de Alcalá no pasaban de 25 grados. La conclusión de este último bando es que la medida la han provocado los propios trabajadores.
Mientras tanto, los operarios de Alcalá llevarán su pulsera, harán su trabajo y esperarán que la tecnología avise antes de que el cuerpo diga basta. Y si no, siempre quedará el agua. Eso sí, el chiringuito, que se apunte.