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Hay profecías que uno escucha con una sonrisa, otras que despiertan curiosidad y algunas que, dependiendo de quién las haga, merecen que uno se detenga un momento.
La de J. J. Benítez pertenece a esta última categoría. En Burbuja somos expertos en destapar a los farsantes (llevo en mi firma más de 2 años con una cuenta atrás sobre este vaticinio). No porque tengamos razones para pensar que el 27 de agosto de 2027 vaya a producirse una catástrofe planetaria. Más bien al contrario. Lo interesante es preguntarse cómo hemos llegado a que un escritor de la relevancia de Benítez haya decidido poner sobre la mesa una afirmación de semejante calibre y, sobre todo, qué ocurrirá con su credibilidad si llega la fecha y no sucede absolutamente nada.
Porque aquí no estamos hablando de una vaga predicción del tipo "se viene el guano". Benítez ha dado detalles extraordinariamente concretos.
La historia que cuenta Benítez
La profecía forma parte del universo de GOG, pero el propio Benítez la ha explicado también en entrevistas. Según su relato, dispone de unas fuentes que le transmitieron información sobre un enorme asteroide que se dirige hacia la Tierra.En una entrevista concedida hace unos años fue bastante explícito: habló de un asteroide que entraría en contacto con el océano Atlántico, al este de las Bermudas, alrededor de 2027, y de una cifra aproximada de 1.200 millones de perecid en 48 horas.
En otra entrevista, publicada en 2022, elevó todavía más el nivel de precisión: habló de un asteroide de unos 28 kilómetros de longitud que chocaría con el Atlántico y provocaría una catástrofe con entre 1.200 y 1.300 millones de perecid en apenas dos días, además de una nube de ceniza que cubriría la Tierra durante años.
Y volvió a insistir en que esperaba equivocarse.
Hay un matiz importante en todo esto. Benítez no suele expresarlo como una certeza matemática. Utiliza fórmulas como «si es verdad», «ojalá me equivoque» o «si la información que recibí es cierta».
Pero precisamente ahí aparece la cuestión que, personalmente, me parece más interesante.
Porque una cosa es decir que existe una posibilidad remota de que ocurra algo. Y otra muy diferente es afirmar que uno ha recibido información procedente de fuentes serias que permite conocer de antemano el tamaño del objeto, el lugar aproximado del impacto, el momento en que sucederá y hasta el número de perecid.
Eso ya no es una simple especulación.
¿De dónde procede la información?
Aquí está el verdadero problema.Benítez habla de "fuentes" y ha defendido en distintas ocasiones la seriedad de la información que recibió. En una entrevista llegó a decir expresamente que sus fuentes eran serias e importantes.
También ha contado que en 2011 acudió a un notario en Sevilla para dejar registrada la información.
Y esto puede parecer, a primera vista, una forma de reforzar la credibilidad de la historia.
Pero un notario puede acreditar que alguien hizo una declaración en una fecha determinada. No puede acreditar que el contenido de esa declaración sea verdadero.
Es una diferencia fundamental.
Si yo voy hoy ante notario y dejo escrito que el próximo verano caerá un asteroide sobre el Atlántico, el documento podrá demostrar dentro de un año que yo ya lo había dicho. No demostrará que mi información fuera cierta.
Por eso, para mí, el asunto no es tanto si Benítez está diciendo la verdad o si está equivocado. La cuestión es qué clase de evidencia puede justificar una afirmación semejante.
Y ahí nos encontramos con un problema bastante serio: el lector no tiene acceso a esas supuestas fuentes.
Tiene que confiar en la palabra del autor.
Hay un asteroide real que pasa cerca en 2027
Y aquí aparece una coincidencia bastante llamativa.Existe un asteroide real denominado 1999 AN10, descubierto en 1999, que se aproximará considerablemente a la Tierra el 7 de agosto de 2027.
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La Agencia Espacial Europea calcula actualmente que su distancia nominal será de unos 389.855 kilómetros, aproximadamente la distancia media entre la Tierra y la Luna. Su diámetro estimado está entre 600 y 1.400 metros y, según la ficha de la ESA, el objeto no figura actualmente en su lista de riesgo.
NASA/JPL lleva décadas siguiendo este objeto. Ya en 1999 publicó que el acercamiento de 2027 podía ser particularmente próximo, pero señalaba que la probabilidad de colisión en 2027 era esencialmente cero.
Es decir: tenemos un asteroide real, conocido, estudiado y con un encuentro cercano con nuestro planeta precisamente en agosto de 2027.
Pero eso no significa que sea el asteroide de Benítez.
De hecho, las diferencias son enormes.
La fecha del acercamiento de 1999 AN10 es el 7 de agosto, no el 27 ni el 29 (disculpad porque mi cuenta atrás está basada en una entrevista que hizo hace tiempo). La distancia prevista es de unos 390.000 kilómetros. Su tamaño estimado está en el entorno del kilómetro, no en los aproximadamente 28 kilómetros que Benítez ha llegado a mencionar. Y, sobre todo, las agencias que llevan décadas calculando su trayectoria no predicen un impacto.
La coincidencia temporal resulta curiosa.
La conclusión apocalíptica, sin embargo, no se sostiene con los datos astronómicos disponibles.
Y aquí es donde la historia se vuelve incómoda
A mí no me interesa demasiado reírme de Benítez. Sería lo fácil y, además, creo que el asunto tiene bastante más interés que eso.J. J. Benítez lleva décadas metido en este terreno. Ha escrito muchísimo sobre ovnis, misterios, fenómenos inexplicables y todo aquello que vive en esa zona fronteriza donde la curiosidad y la credulidad se dan la mano. Es perfectamente legítimo. Y, nos guste más o menos su trabajo, es un escritor con una trayectoria considerable.
Precisamente por eso resulta llamativo que haya decidido poner su nombre detrás de una predicción como ésta.
Porque una cosa es contar una historia sobre un asteroide que acaba con medio planeta, que para eso están las novelas. Otra es decir que uno ha recibido información de fuentes serias que permite saber que el asunto ocurrirá en una fecha determinada, en una zona concreta del Atlántico y con unas consecuencias perfectamente cuantificadas. Ahí ya estamos jugando en otra liga.
Y la pregunta inevitable es de dónde sale esa información.
Benítez habla de sus fuentes como si fueran una especie de comité secreto de gente que sabe cosas que el resto de los mortales ignoramos. El problema es que no podemos comprobar nada. Tenemos que fiarnos de él. Y eso, para una afirmación de semejante calibre, quizá sea pedir bastante.
También está lo del notario.
Benítez ha contado que dejó constancia de la predicción ante notario en 2011. La anécdota tiene cierto aire de prueba definitiva, pero en realidad demuestra una cosa bastante más modesta: que en 2011 Benítez ya había hecho esa predicción.
El notario no certificó que fuera a caer ningún asteroide. Tampoco examinó la trayectoria del objeto, entrevistó a las misteriosas fuentes ni recibió un informe secreto de la NASA. Simplemente dejó constancia de lo que Benítez declaró.
Es importante distinguir una cosa de la otra.
Una apuesta demasiado grande
Y aquí, para mí, está lo verdaderamente interesante.Benítez se está jugando su fruta con una afirmación que, si la hace cualquiera en internet, probablemente acabaría enterrada entre vídeos de ovnis, extraterrestres y gente que asegura que la Tierra es hueca.
Pero no la ha hecho cualquiera. La ha hecho J. J. Benítez.
Por eso creo que tiene sentido tomársela en serio, aunque sea para cuestionarla.
Si en agosto de 2027 no sucede nada, tampoco pasará nada terrible. Los asteroides seguirán girando, nosotros seguiremos esperando el guano en octubre y probablemente Benítez continuará escribiendo. Una predicción fallida no convierte automáticamente a nadie en un farsante, pero sí restaría credibilidad a todo lo escrito en sus novelas que afirma estar basadas en hechos reales.
Pero sí habrá que volver sobre la historia y preguntarse qué ocurrió con aquellas fuentes tan serias e importantes. Porque cuando uno anuncia una catástrofe capaz de cancelar a más de mil millones de personas, quizá debería aportar algo más que un "confía en mí".
Y si finalmente resulta que la información era errónea, siempre podremos decir que Benítez fue engañado, que interpretó mal lo que le contaron o que sus fuentes se equivocaron.
Lo que empieza a resultar más difícil de explicar es por qué unas fuentes capaces de conocer con tanta precisión el futuro de la humanidad no parecen capaces de acertar algo que podamos comprobar antes de que llegue el día.
Y cuando llegue el 7 de agosto...
Aquí es donde tengo verdadera curiosidad.Porque si el 7 de agosto de 2027 no cae ningún meteorito y no mueren 1.200 millones de personas, habrá que ver qué explicación nos ofrece Benítez.
¿La información era correcta pero hubo un cambio de trayectoria? ¿Las fuentes se equivocaron? ¿Se interpretó mal la fecha? ¿Era 2027, pero no exactamente agosto? ¿O habrá que concederle al Apocalipsis un poco más de margen?
También existe la posibilidad de que la fecha se desplace convenientemente hacia el futuro. Las profecías tienen esa curiosa ventaja: cuando no se cumplen, siempre pueden necesitar una nueva interpretación.
Y aquí es donde, sinceramente, creo que Benítez se ha metido en un jardín considerable. Porque cuanto más concreta ha sido la predicción, menos espacio queda después para hacerla encajar en otra realidad.
Ha dado una fecha. Ha hablado de un lugar. Ha descrito el objeto. Ha hablado de millones de perecid. Ha explicado que la información procede de fuentes que considera fiables.
Ahora solo falta esperar.
Y, llegado el día, comprobar si cae el meteorito.
Hagan sus apuestas.
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