Recepción marroquí en Ceuta: ¿firmeza o doble rasero?
¿Cálida? La elección del adjetivo resulta, como mínimo, provocadora. Lo que se atribuye a la bienvenida del ejército marroquí a los retornados de Ceuta no parece encajar con una recepción amistosa. Las reacciones públicas apuntan a una intervención contundente, y el calificativo se ha convertido en un arma arrojadiza.
Una corriente de opinión aplaude sin matices la firmeza de las autoridades marroquíes. El argumento es tan simple como contundente: la mano dura disuade, y quienes se lo piensen dos veces antes de intentar cruzar. En esa lectura, la actuación marroquí sería el espejo en el que debería mirarse España, cuya policía, se sostiene, ha preferido durante demasiado tiempo mirar hacia otro lado. «No se ve a los migrantes tan rebeldes como en España», resume una de las voces más crudas, en referencia a la eficacia disuasoria.
El precio de la firmeza: el trato bajo sospecha
Frente a esa visión, otros análisis subrayan que normalizar el uso de la fuerza contra personas que probablemente serán devueltas no resuelve la cuestión de fondo. La pregunta incómoda es por qué la misma contundencia no se empleó cuando los retornados entraban en Ceuta. Esa ausencia alimenta la percepción de que existe un acuerdo implícito: España mira hacia otro lado y Marruecos aplica la mano dura al recuperar a los suyos. Los más escépticos, además, ponen en duda el relato mismo: «Me da que eso es Melilla», apunta una réplica que recuerda la necesidad de contrastar la información antes de sumarse a la indignación o al aplauso.
En cualquier caso, la «cálida» recepción ya ha conseguido lo que pocos acontecimientos logran: que las posturas enfrentadas coincidan al menos en la desconfianza mutua. La frontera de Ceuta vuelve a ser titular incómodo, sin que sepamos muy bien si el calor era de bienvenida o de hostilidad.