REE, Enagás o Naturgy: dónde refugia el dinero tras el castañazo
¿Qué eléctrica española conviene comprar cuando el índice entero cotiza de rebajas? La pregunta, planteada en plena resaca del desplome por la pandemia, recibe casi siempre la misma respuesta:
Red Eléctrica y
Enagás, en un orden o en el otro, con Naturgy como tercera vía y Repsol como apuesta de otro color. El matiz decisivo llega después: dos de esas tres no venden electricidad ni gas. Cobran peajes.
Ese es el eje de todo el análisis. Hay quien lo resume diciendo que REE y Enagás no son realmente energéticas, sino infraestructuras con ingresos regulados, más cerca de una autopista que de una comercializadora. Y hay quien, desde el otro lado, avisa de que un negocio tan bueno y tan concentrado en un solo país es un caramelo para cualquier gobierno con tentaciones intervencionistas.
¿Por qué REE se considera mejor que Enagás?
Porque su resultado es más previsible y su materia prima tiene mejor porvenir. La electricidad puede crecer —electrificación, hidrógeno, coche enchufable— mientras al gas no se le espera expansión de consumo. Sobre esa base,
REE se lleva la etiqueta de más estable y más consistente, y Enagás la de estar más barata con una rentabilidad por dividendo superior.
Los números respaldan esa fama de reloj suizo. La compañía lleva desde 2014 ganando
entre 1,16 y 1,33 euros por acción, todos los años y sin una sola excepción, con flujos de caja e ingresos igual de regulares. Enagás compite con un precio de entrada más bajo, pero arrastra más deuda y un negocio con menos viento a favor.
El detalle que rompe el empate lo aporta un cálculo de largo plazo que se desglosa partida a partida para una de las grandes del sector: años de dividendos, ampliaciones de capital por medio y un precio final que no cuadra con lo que promete el folleto. Ese desglose, con todas sus líneas, es el que conviene leer entero antes de firmar nada.
El riesgo que nadie descarta: la nacionalización
Es el argumento que aparece cuando el análisis se sale del balance.
Cuando un negocio es tan bueno y está tan concentrado en un solo país, es un caramelo para cualquier gobierno. Con nombres y apellidos en el aire, se advierte de que Merkel llamaría a la mínima ocurrencia intervencionista y de que la sangre no llegará al río.
El contrapeso circula en forma de dato:
Amancio Ortega controla el 5% de Enagás, el máximo que la ley permite en esa empresa, y se interpreta como blindaje ante un comprador extranjero. Es la prueba, dicen, de lo buena que es la presa.
Puertas giratorias: tres millones en consejos y una presidenta con carné
El frente político pesó tanto como el financiero. Los recuentos que circularon cifran en
doce los ex cargos del PP y el PSOE que se repartieron
3.000.000 de euros en un año por sentarse en los consejos de Enagás y REE, con nombres propios y cifras individuales que llegaban a superar el millón de euros. En la lista figura también una exministra socialista colocada al frente de Red Eléctrica con una retribución de
500.000 euros anuales, y un exdirector de la Guardia Civil fichado como consejero.
El asunto tiene derivada financiera. Los fondos de la compañía eléctrica están molestos y piden desprenderse de
Hispasat, la filial que lastra el beneficio actual y, por extensión, el dividendo futuro.
¿Merece la pena Naturgy con la OPA encima?
Depende del precio y de la paciencia. Según uno de los participantes, cotiza con un
PER de 21,16, el más alto de la terna, y hay quien sostiene que el beneficio de 2020 se irá a la mierda, aunque menos que en otros sectores. La advertencia más repetida es que la acción está retenida por una OPA parcial: si salta la noticia de que la operación se va al garete,
caerá como un plomo.
Entre las grandes, Endesa recibe el juicio más duro: se la describe como filial de Enel, con la casa matriz italiana dispuesta a
saquear y largarse. Repsol aparece como otra liga, la de la OPEP y el petróleo, con el Gobierno hablando de transformación energética y con la duda de dónde piensa sacar el dinero para pagarla.
Dividendo, deuda y tipos: qué cambia el escenario
Según un mensaje del hilo, el sector reparte
5.500 millones de euros en dividendos mientras el Estado sigue rescatando el déficit de tarifa. Es el dato que mejor explica su poder de presión, y también el que invita a mirar con lupa la letra pequeña del pago: una cosa es el dividendo real y otra el
scrip dividend, que en la práctica funciona como una ampliación de capital encubierta.
Sobre el endeudamiento, la foto es desigual. Enagás carga mucha deuda, AENA también, e Iberdrola es retratada como una montaña de deuda y una yonki de los planes europeos. En el lado opuesto, según un mensaje, el mayor fondo de pensiones sueco acaba de entrar en la eléctrica vasca, presentada como la mejor posicionada en hidrógeno y renovables. REE, mientras, no ha aflojado ganancias en ninguna crisis.
Y luego está el escenario de tipos. Con subidas en el horizonte, hay quien lo lee como el momento ideal para cargar utilities; y hay quien recuerda que en Estados Unidos ya se están saliendo de los bonos y de las defensivas con buen dividendo, lo que anticipa más caídas antes de la vuelta.