Piel oscura en la Suecia prehistórica: qué dice la genética
Los primeros habitantes de lo que hoy es Suecia no eran suecos, y probablemente tampoco tenían la piel clara que asociamos al norte de
Europa. Esa es la conclusión que se extrae de la discusión sobre los orígenes de las poblaciones escandinavas, un asunto donde la genética de poblaciones ha ido desmontando buena parte del relato intuitivo. La pregunta que planea es sencilla: ¿hasta qué punto es cierto que hace 14.000 años los europeos tenían la piel oscura, e incluso hace 5.000? La respuesta corta es que la pigmentación clara es una adaptación tardía, posterior al final de la última glaciación.
El foco francocantábrico y el origen del sapiens
Una de las corrientes más discutidas sitúa el origen del homo sapiens en Europa, concretamente en el área que concentra el arte paleolítico del norte de España y el sur de Francia. El argumento no es genético sino arqueológico: no existe en el mundo un foco con esa densidad y calidad de arte rupestre. Quien defiende esta tesis sostiene que la superioridad del registro artístico francocantábrico es indiscutible y que, por tanto, la especie surgió allí.
Frente a esa posición, los datos paleontológicos apuntan en otra dirección. Los restos más antiguos de homo sapiens en África tienen 300.000 años, mientras que los más antiguos en Europa apenas alcanzan los 45.000. La diferencia es de tal magnitud que la hipótesis europea queda, cuando menos, en minoría. El debate no es nuevo, pero sigue vivo porque toca una fibra identitaria: nadie quiere que su antepasado sea el que llegó el último.
¿Cuándo apareció la piel clara en el norte de Europa?
La cronología que maneja la genética de poblaciones es la siguiente: el fin de la glaciación, hace unos 10.000-12.000 años, provocó una subida de temperaturas de unos 10ºC de media. Eso permitió que grupos humanos se desplazaran al norte de Europa, donde desarrollaron pigmentaciones muy claras para aprovechar la escasa vitamina D disponible. En África, en cambio, la piel se oscureció para adaptarse a la radiación solar. Es decir, la piel blanca no es anterior a la glaciación, sino posterior.
De ahí que la afirmación de que los suecos de hace 5.000 años eran negros como el betún sea, como mínimo, imprecisa. Hay quien la rebate con ejemplos concretos: las momias de Guanajuato, con 4.000 años, o la momia de Ötzi, con 5.300 años, no presentan pigmentaciones que sugieran un origen africano reciente. La discusión, por tanto, no es si había poblaciones de piel oscura en Europa, sino cuándo y con qué rasgos.
El problema de llamar «suecos» a los habitantes de Suecia hace 14.000 años
Uno de los puntos que más consenso genera es el anacronismo. Los pueblos que hoy ocupan zonas geográficas concretas son el resultado de desplazamientos y mezclas posteriores. Pretender que los habitantes de Escandinavia hace 14.000 años eran «suecos» es, sencillamente, un error de categorías. Según una opinión expresada en el debate, los suecos actuales son una tribu germánica procedente del Cáucaso, y su llegada a Escandinavia es muy posterior.
Ese anacronismo es el que contamina buena parte del debate público. Se discute si los primeros suecos eran negros cuando la pregunta correcta es quiénes eran los primeros pobladores de Escandinavia y de dónde venían. La respuesta, según los estudios que se citan, es que los escandinavos actuales descienden de colonizaciones hacia el norte de poblaciones germánicas, que a su vez procedían de migraciones de Asia central. Nada que ver con una supuesta continuidad desde el Paleolítico.
La genética como campo de batalla ideológico
El asunto ha derivado en una discusión sobre la propia ciencia. Una parte de los intervinientes sostiene que la ideología corrompe la investigación, que se seleccionan muestras para confirmar tesis previas y que el sistema de subvenciones condiciona los resultados. Se menciona el caso de la financiación de doctorados con objetivos predeterminados: si quieres fondos, demuestra que los primeros suecos eran verdes o a rayas. La acusación es grave y, como tal, se formula como sospecha, no como hecho probado.
En el otro extremo, se defiende que los estudios científicos son la única vía fiable y que la mayoría de las críticas parten de una composición de lugar ideológica previa. El dato que se repite es que solo de restos humanos de la época hay más de 7.000, lo que permite reconstruir el pasado con bastante solidez. La discusión, en el fondo, no es sobre paleogenética sino sobre a quién creemos cuando nos cuenta de dónde venimos.
Con estos mimbres, lo previsible es que la controversia se mantenga. La genética de poblaciones seguirá aportando datos y la interpretación de esos datos seguirá siendo un campo de batalla. Si algo enseña el episodio es que la pregunta por el color de piel de los antepasados dice menos de ellos que de nosotros.