El debate sobre la lluvia que no llena los embalses
¿Cómo se explica que caiga agua durante semanas enteras y los pantanos apenas se muevan? La pregunta lleva tiempo circulando y las respuestas no terminan de encajar entre sí. Un vídeo lo intenta aclarar con infografías, minutos marcados y dibujos, empeñado en explicar el recorrido de la lluvia hasta el mar: la conclusión que se extrae es incómoda, porque buena parte de ese agua nunca llega a embalsarse.
La explicación más repetida apunta a la
deforestación. Quienes la defienden sostienen que, sin vegetación que frene la escorrentía, el agua resbala por el suelo, se concentra en barrancos y desemboca en el mar sin recargar ríos ni acuíferos. Cuanto más degradado está el terreno, menos se infiltra. Es un argumento que se presenta como hidrológico y, a la vez, el punto donde convergen posturas que por lo demás no se parecen en nada.
¿Por qué la lluvia torrencial no llena los embalses?
Porque, según esta lectura, el agua que cae en tromba no se infiltra: escurre rápido hacia el mar y los pantanos solo retienen lo que llega por los cauces. No es que los embalses tengan fugas, es que la lluvia entra por donde no debe. De ahí que llueva a mares y las reservas suban a cuentagotas.
La versión que circula con más sorna es que las lluvias torrenciales del centro de la península «son evaporadas por el clima cambiático». Lo de cambiático es cosa de quien lo escribió, no del clima. La idea, sin embargo, tiene defensores: si el agua se marcha antes de llegar a la presa, da igual cuánto caiga.
Evaporación, trasvases y otras teorías del agua que desaparece
A la evaporación se le suma otra sospecha: que el agua se mueva de unas cuencas a otras sin que nadie lo declare. El ejemplo que se pone es el de dos embalses de la misma zona que evolucionan al revés —uno a rebosar hace un par de semanas y otro que en abril daba lástima— y de ahí se salta a la hipótesis de un trasvase encubierto hacia otras comunidades. No hay prueba que lo sostenga; es una conjetura.
En esa lista también entra la idea de que los pantanos se vacían a propósito, que las compuertas se abren para reservar el agua a determinados usos o que la lluvia actual es «asintomática»: cae, pero no llena, y al mismo tiempo obliga a activar alertas en el teléfono. Quien defiende esa paradoja lo llama
doblepensar; otros responden que el agua simplemente sigue su curso natural.
Hay incluso quien va más allá y sostiene que el agua dulce entró en el mercado financiero y que la escasez conviene a quien la comercializa. De ahí a hablar de la próxima burbuja —peor, dicen, que la del aceite de oliva— media un paso.
Qué dicen los datos: las reservas suben por encima de 2021 y 2022
Frente a las teorías hay un registro público que se consulta a diario: la variación de agua embalsada por cuencas. Y ahí aparece un dato que contradice media discusión. Según quienes siguen ese registro, las
reservas siguen creciendo y se colocan por encima de las de 2021 y 2022. Si el embalse se vaciara por su cuenta, esos números no cuadrarían.
Un matiz con truco: según un participante, la información se
actualiza los martes. Quien mire el panel en miércoles o jueves todavía verá la foto de la semana anterior y podrá anunciar sequía con toda la razón del mundo, aunque sea mentira por un par de días. El desfase del calendario explica más de una discusión virulenta.
El dato que se opone al relato: el doble de masa forestal
Si la deforestación fuera la causa única, chocaría con una cifra incómoda que se lanza en el debate: España tendría
el doble de masa forestal que hace 100 años. Es decir, el país tendría hoy más árboles que a principios del siglo pasado, no menos. Eso no convierte la escorrentía en un cuento, pero complica atar el problema a la falta de bosque sin más.
En el hilo las dos afirmaciones se dan por buenas a la vez y nadie las reconcilia.
Agua subterránea y riadas: lo que se cuenta sobre el terreno
Donde los modelos fallan, hablan los vecinos. En el corredor del Henares, una franja de aguas subterráneas que abarca varias localidades, un participante asegura que los arroyos que antes se secaban en dos o tres días llevan mes y medio sin secarse. Cuenta que hay bajos con bombas de achique que siguen sacando agua incluso sin llover, filtrándose desde el subsuelo, algo que no se había visto nunca por allí.
El reparto de la lluvia es desigual: Galicia y Castilla y León se llevan lo grueso, mientras en el suroeste apenas cae y en la Sierra del Segura, donde nacen los afluentes, la cosa mejora. La foto cambia según el punto del mapa. Y con ella, la sensación de que el agua hace lo que le da la gana.
Si el agua se evapora al caer y a la vez obliga a saltar las alarmas del móvil, alguien tendrá que explicar cómo cabe todo en el mismo cielo. Mientras se aclaran, los pantanos siguen subiendo. Y eso, curiosamente, tampoco ha cerrado el debate.