148.223 empresas en Castilla y León: el tópico del «aquí no invierten»
¿Por qué una región del tamaño de Portugal, con enormes autopistas que la conectan con la capital, Portugal, el Cantábrico, el Mediterráneo y Francia, embalses de sobra y ciudades históricas como Ávila, Segovia o Salamanca, no despega por sí sola? La pregunta lleva años circulando y ha vuelto a reventar en un cruce de reproches entre quienes atribuyen a los castellanos una supuesta
indolencia y quienes responden con la cuenta de resultados en la mano. Frente a eso, en el hilo se citan cifras: Castilla y León tenía
148.223 empresas activas a 1 de enero, el 4,6% del total nacional, y Castilla-La Mancha registraba 130.079. Son pocas para el territorio que ocupan. También son la prueba de que algo se hace.
¿Por qué el tamaño de Castilla no se traduce en riqueza?
La meseta es la región más extensa de España, comparable a Portugal, con una altiplanicie enorme donde edificar, la cuenca del Duero y sus vegas, y conexiones hacia Madrid, el Cantábrico, el Mediterráneo, Portugal y Francia. Sobre el papel, cualquier manual de localización industrial firmaría ahí. El problema es la densidad: la superficie se come cualquier estadística. Repartir esas 148.223 empresas y 130.079 sociedades registradas entre tantos kilómetros deja un tejido fino, con predominio de autónomos y servicios, según se subraya en el debate. Y la región no es una: son dos administraciones distintas que, según se apunta, compiten entre sí más de lo que suman.
¿Es Castilla una región sin industria?
No. Y aquí el tópico se rompe, según uno de los participantes: la antigua Castilla la Vieja figura desde hace más de una década como
primera productora automovilística de España, por encima de Cataluña, y desde Valladolid se exportan motores a media Europa —Mercedes, Renault, Dacia—, a Asia y a América. La
industria pesa alrededor del
22% del PIB de Castilla y León, una proporción —añade— superior a la de regiones mucho más mitificadas. De esa actividad sobrevive buena parte de lo que queda de la metalurgia vasca. Sobre el origen de la factoría de Renault en Valladolid, una tesis que circula sostiene que no tuvo nada que ver con decisión política alguna; otra recuerda que el marco arancelario de la época favorecía a unas zonas sobre otras.
Del cereal a las renovables: dos mesetas, dos diagnósticos
España produce más cereales que Italia o Reino Unido, según se afirma en el hilo, y buena parte de ese cultivo, muy automatizable, está en la meseta, donde genera excedentes y arrastra industria alimentaria. El reproche que más se repite es que ese excedente agrícola nunca se reinvirtió en diversificar, como sí ocurrió en otras zonas de Europa. Frente a eso se señala el caso de Albacete, que partiendo de una situación peor fue puntero en renovables y hoy ve nacer empresas en el corredor hacia Madrid. La tesis de que
aquí no ponen empresas choca con un dato incómodo: hay comarcas que dejaron de esperar y montaron las suyas. Otras dependen de la PAC.
¿Cuánta gente vive realmente en las ciudades castellanas?
Un participante repasa las cifras: Valladolid ronda los 300.000 habitantes; Burgos, 175.000; Salamanca, 145.000; León, 120.000 y Palencia, 75.000. En Castilla-La Mancha las cifras son aún menores: Albacete 173.000, Guadalajara 89.000, Toledo 86.000, Talavera 85.000, Ciudad Real 75.000. Según su versión, varios municipios de la Comunidad de Madrid superan en población a capitales de provincia enteras. El diagnóstico más repetido apunta al individualismo en lo personal y al provincialismo en lo territorial, a la fuga de los jóvenes y a unas élites que miran a su capital o a Madrid, nunca al conjunto.
Viva mi provincia, en resumen.
El pleito del dinero: Madrid, el déficit y Felipe V
Aquí la discusión se enreda con la historia. Una parte defiende que la meseta aporta sin recibir; otra sostiene justo lo contrario, que Madrid recibe más de lo que da y que concentrar ministerios y sedes en la capital vacía el resto. Se citan agravios de siglos: el impuesto a la importación de carbón que habría frenado la industria, las universidades de la Corona de Aragón prohibidas por Felipe V, la colonización austríaca y luego francesa que habría roto el embrión industrial castellano. Relatos que se cruzan sin que nadie enseñe la liquidación definitiva.
Cuando el diagnóstico se convierte en insulto
Buena parte del intercambio derivó en descalificaciones por el origen de cada cual, con acusaciones cruzadas entre castellanos, andaluces, extremeños y valencianos, y comparaciones despectivas con otros países y regiones. Ese tramo aporta poco al análisis y mucho al ruido: explica por qué el asunto se discute mal en público, pero no por qué la meseta tiene menos empresas por kilómetro cuadrado que media España.
Al final, la región más grande de España sigue esperando a que alguien le confirme si su problema es la cultura, la geografía o trescientos años de agravios. Mientras se decide, las fábricas que ya existen siguen exportando motores. Ellas no discuten.