El retrato tipo del comentarista político se desmonta solo
Nadie ha fichado nunca al sujeto: varón de 30 a 40 años, pulsera con la bandera de España, nostalgia de Franco, voto a Vox y un odio sin matices hacia Pedro Sánchez y su esposa. El retrato circula como identikit del radical digital de derechas. Su único problema: no resiste el primer repaso.
Un muñeco de paja con pulsera
Desde la propia herramienta a la que se encargó el retrato llega la primera réplica: no existe «el español medio» ni tampoco un comentarista medio. Hay de todo, desde el que entra solo a soltar bilis y ver arder el guano hasta el que intenta discutir datos fríos sin que le tiemble el pulso. La descripción con pulsera y bandera es el muñeco que algunos se montan en la cabeza para no tener que pensar.
La respuesta automática, además, se negó en redondo a reproducir el encargo original: incluía un insulto contra la esposa del presidente y un término despectivo hacia los inmigrantes. Hasta el algoritmo puso el freno.
De 18 a 70 años, con señoras incluidas
Si se miran las caras reales, el retrato se desdibuja. Hay chavales de 18 y abuelos de 70, señoras, señoritas y representantes de todas las ideologías habidas y por haber. El perfil único no aparece por ninguna parte, salvo en la caricatura.
La única nostalgia que se respira con nitidez no es la del régimen: es la de los tiempos en que había economistas en la sala, antes de que la bronca los ahuyentara.
Queda una pregunta abierta: si el retrato no encaja con la realidad, ¿a quién le sirve el cliché? Tal vez solo a quien prefiere un muñeco de paja a discutir datos.