Vaquero contra el islam: la cruzada que nadie le pidió
Roberto Vaquero, el dirigente comunista que hasta hace poco era conocido por su defensa del bloque soviético y su crítica al imperialismo anglosajón, ha convertido su cuenta en un frente abierto contra el
islam. El detonante, según el material que circula, fue un tuit en el que desmintió la versión oficial sobre el asesino de una niña de 11 años en Países Bajos: no era un solicitante de asilo sirio, sino un hombre de origen marroquí. A partir de ahí, el personaje ha ido radicalizando su discurso hasta convertirse, para muchos, en el azote del islamismo en España.
La reacción no se ha hecho esperar. Hay quien sostiene que Vaquero es «el único comunista al que no mataría», una frase que resume el desconcierto que genera su figura. Otros, en cambio, ven en él a un oportunista que ha encontrado en el islamofobia un filón mediático. La discusión, como era de esperar, ha derivado en un choque de trincheras donde se mezclan la geopolítica, la inmigración y la vieja guerra cultural entre izquierda y derecha.
El tuit que lo cambió todo
El punto de partida es un mensaje en la red social X en el que Vaquero corrige la información difundida por medios neerlandeses. Según su versión, el autor del crimen no era un solicitante de asilo sirio, como se había publicado, sino un hombre de origen marroquí. El dato, que él presenta como una prueba de la manipulación informativa, se convirtió en el pistoletazo de salida de una cruzada personal contra lo que él llama «la invasión islamista».
A partir de ahí, su discurso se ha ido endureciendo. En el material analizado se le atribuyen propuestas como terminar con la inmigración ilegal, repatriar a los delincuentes extranjeros y a quienes no se adapten a la sociedad española, acabar con el wokismo y blindar las fronteras. Su modelo a seguir, dicen, es Nayib Bukele, el presidente salvadoreño que ha convertido la mano dura en su marca política.
¿Por qué un comunista antiislamista?
La paradoja es evidente: Vaquero se reclama comunista, pero su discurso encaja mejor con el de la extrema derecha identitaria. Sus críticos señalan que esta deriva es puro marketing, una forma de captar atención en un ecosistema mediático saturado. «Marketing, marketing... otro que querrá chupar del bote», resume una de las opiniones recogidas.
Otros, sin embargo, le conceden el beneficio de la duda. «Dice cosas con sentido común y lógica aplastante», defiende un participante que comparte su receta: repatriaciones, fronteras duras y menos servilismo hacia intereses extranjeros. La discusión, en este punto, deja de ser sobre Vaquero y se convierte en un debate sobre qué es hoy la izquierda y si el antiislamismo puede ser compatible con el anticapitalismo.
El choque con el islam y la sombra del CNI
La conversación deriva rápidamente hacia terrenos más oscuros. Hay quien especula con que Vaquero acabará recibiendo un «sicario financiado por el Daesh» o que el CNI podría estar detrás de una operación para desacreditarlo. Las teorías conspirativas se disparan: desde los servicios secretos anglosajones hasta los reptilianos, todo vale para explicar por qué un comunista se ha convertido en el azote del islam.
En medio del ruido, emerge una acusación recurrente: Vaquero es «muy antiislam cuando se habla de Israel», lo que para algunos revela una doble vara de medir. «Por sus actos les conocereis», sentencia un mensaje que resume la desconfianza hacia su figura.
El debate de fondo: ¿islam o islamismo?
Más allá de Vaquero, la discusión plantea una pregunta incómoda: ¿es el islam incompatible con la modernidad? Hay quien sostiene que se trata de una religión «de tercera categoría» que solo genera ruido cuando hay atentados o guerras, y que su expansión en Europa es fruto de la inmigración descontrolada. Otros recuerdan que el cristianismo también tuvo que adaptarse a los tiempos modernos y que el islam acabará haciendo lo mismo, aunque sea por la vía de los hechos.
El intercambio se calienta cuando se menciona el conflicto palestino-israelí. Las acusaciones de genocidio, las cifras de víctimas y la legitimidad histórica de Israel se cruzan en una discusión que parece no tener fin. «Ataques de precisión que han arrasado toda Gaza y asesinado 50.000 personas», denuncia una voz, mientras otra responde que «las bajas de una guerra abierta no son asesinatos».
Un final abierto
La conversación se cierra sin conclusiones. Vaquero sigue en su cruzada, sus seguidores le aplauden y sus detractores le acusan de oportunista. Mientras tanto, la pregunta de fondo sigue sin respuesta: ¿puede un comunista liderar la lucha contra el islamismo sin convertirse en lo que dice combatir?