La UE debate un plan de 800.000 millones en armamento para un ejército común
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha escenificado lo que algunos interpretan como una ruptura con Estados Unidos y el arranque de una etapa de militarización urgente. En el debate se maneja un plan que rondaría los
800.000 millones de euros en compra masiva de armamento, con la vista puesta en un ejército común europeo. La cifra, que se extiende a lo largo de una década, equivaldría al gasto en pensiones de España durante cuatro años, según un cálculo que se ha repetido en la discusión. El anuncio llega en plena guerra de Ucrania y con la OTAN como telón de fondo, lo que ha disparado las contradicciones.
¿Ruptura con EEUU o negocio para EEUU?
La paradoja central es difícil de ignorar: se anuncia una ruptura con Washington mientras, según los participantes, la mayor parte del armamento que se compraría procede de la industria estadounidense. «¿Cómo se rompe con EEUU comprándole todos los aviones de guerra y misiles?», resume una de las intervenciones. Otra lo compara con una operación en la que «lo que se nos rompe es el ojete». El fabricante europeo, además, está participado en buena medida por fondos de inversión estadounidenses, lo que diluye aún más la pretendida autonomía. La compra masiva, por tanto, podría acabar siendo un rescate encubierto de la industria americana.
El cuello de botella industrial: fabricar en Europa lleva tiempo
Aunque la intención fuera producir en suelo europeo, la capacidad industrial actual no da para semejante volumen a corto plazo. Un participante con conocimiento del sector lo compara con el programa de submarinos S-80 o con la construcción de una serie de cinco buques: plazos largos y costes que se disparan. «Esto es un plan a década y pico vista porque los aspectos industriales son importantes y lentos», señala otro. El FCAS, los stocks de misiles, los satélites o los carros de combate son algunos de los programas que absorberían ese dinero, pero los primeros resultados no se verían hasta 2033. El cuello de botella humano —preparar y formar a los soldados— es aún mayor.
El mando único: el escollo político
Un ejército común exigiría un mando único, no una negociación permanente entre los veintisiete. «Las decisiones deberían estar tomadas por un único mando, no negociando y votando entre la totalidad de los miembros», apunta una intervención. La experiencia de los cascos azules de la ONU, citada como ejemplo de fuerza multinacional con capacidad limitada, no invita al optimismo. A esto se suma la contradicción de seguir dentro de la OTAN, mantener las bases estadounidenses en Europa y pretender al mismo tiempo una defensa autónoma. «¿Seguiremos en la OTAN y además creamos un ejército europeo?», se pregunta otro, que lo califica de «brindis al sol».
El gasto: impuestos, pensiones y prioridades
La financiación del rearme abre otro frente. Las opciones que se barajan son subidas de impuestos, recortes sociales o ambas. La comparación con las pensiones es recurrente: los 800.000 millones equivaldrían a cuatro años de pensiones en España. «Son 9 millones de pensiones para un año», calcula un participante, que imagina a la UE con nueve millones de soldados, más que Rusia, China y EEUU juntos. La ironía sobre el destino del dinero refleja el escepticismo sobre la eficacia del gasto. Otros piden que se recorte de partidas «innecesarias» y se priorice la industria propia.
El enemigo real: discrepancias sobre la amenaza
Mientras el relato oficial señala a Rusia como amenaza inminente, una parte de la discusión sostiene que el verdadero enemigo es otro: la inmigración masiva. «El único enemigo es la horda de millones que invadieron suelo europeo», se afirma, y se añade que para eso no hacen falta 800.000 millones. Otra corriente apunta a que las intenciones no son defensivas sino ofensivas contra Rusia, y que las élites no quieren que pare la guerra. También se cuela la advertencia de un predicador islámico sobre el control musulmán de Occidente en 50 años, con el comentario de que ni Ucrania, ni Rusia ni EEUU van a salvar a Europa. Son posturas que, sin ser mayoritarias, marcan el tono del descontento.
El plan sigue en fase de anuncio. No hay desglose oficial de cuánto irá a cada programa ni de dónde saldrá el dinero. Lo que sí parece claro es que la UE quiere dejar de ser un actor secundario en defensa. Otra cosa es que los números cuadren y que los votantes acepten pagar la factura. Como resume un participante: «Para el viaje que están haciendo pensaban que llevaban una mochila muy pesada y han decidido tirarla, pero para reducir peso se han cortado los dos brazos y están pensando en cortarse las piernas sin caer en la cuenta de que sin piernas no se puede andar».