Manifestaciones proucranianas: banderas lejos del frente
En varias ciudades occidentales se han sucedido concentraciones de apoyo a Ucrania con banderas, pancartas y consignas contra Rusia y contra Estados Unidos. La paradoja que recorre estas convocatorias, según los mensajes del debate, es que una parte de los asistentes son varones ucranianos en edad militar que residen fuera de su país. La pregunta que se repite en los comentarios no es tanto qué piden, sino por qué no están donde se libra la guerra. Las imágenes difundidas en redes muestran manifestaciones en Barcelona, Madrid, Londres, Washington, Chicago, Seattle, París y Tel Aviv, convocadas por colectivos ucranianos y simpatizantes locales.
Quién convoca y quién asiste a las marchas
Las concentraciones no son espontáneas ni homogéneas. En Tel Aviv la convocatoria la firma un grupo de amigos israelíes de Ucrania, con mayoría de asistentes ucranianos y ucranio-israelíes, a los que se suman emigrados de Bielorrusia y Rusia. En Seattle, una organizadora ucraniana reconoce que la mayoría de los presentes son estadounidenses sin vínculo directo con el país. En Londres, cientos de personas se concentraron coincidiendo con una cumbre de líderes internacionales. En Barcelona y Madrid, las pancartas apuntan contra Putin y contra Trump, y reclaman más gasto en defensa.
La composición por sexos es uno de los puntos que más se repite en los comentarios:
la mayoría de los asistentes visibles son mujeres, aunque entre el público hay también varones en edad de combatir. Ese detalle es el que alimenta la controversia: si la causa es tan urgente, ¿por qué la defensa se delega en otros?
El argumento que domina: «que vayan ellos»
La objeción más repetida es la de la coherencia entre el discurso y la biografía. Se sostiene que quien pide prolongar la guerra debería estar disponible para librarla, y que muchos de los que la apoyan desde el extranjero salieron del país al inicio del conflicto. La crítica se extiende a los dirigentes europeos: hay quien menciona que la presidenta de la Comisión Europea tiene siete hijos en edad militar y ninguno está en el frente, mientras que los hijos de familias trabajadoras sí son movilizados.
Hay quien va más allá y pide que se tomen matrículas de los manifestantes y se les flete en autobuses hacia el aeropuerto militar más cercano. Otros recuerdan que en Ucrania existe movilización forzosa y que hay detenciones de hombres que intentan evitar el reclutamiento, según los mensajes del hilo. La conclusión compartida por buena parte de los mensajes es que el patriotismo de pancarta es barato cuando se ejerce a miles de kilómetros.
El nivel de vida de los que se fueron
Un segundo eje del malestar no es militar, sino económico. Se relatan casos de vehículos de alta gama con matrícula ucraniana vistos en España, Italia, Austria y Andorra, con precios que en España superarían los
100.000 euros con impuestos. Se menciona un BMW X3 M50 de 2025 valorado en unos 90.000 euros con matrícula andorrana, ocupado por dos jóvenes y una mujer de mediana edad, con una pegatina nacionalista ucraniana en la carrocería.
La lectura que se hace de esos casos es que quienes salieron primero fueron los que tenían recursos, y que la guerra la sostienen los que no pudieron escapar. Se cita también el caso de una joven ucraniana que compraba en Alicante su tercer piso, los dos anteriores como inversión, y el aumento de compraventa de vivienda en Torrevieja por parte de residentes ucranianos. El relato del refugiado sin medios choca con el del inversor inmobiliario.
Las ayudas, el asilo y el retorno
Sobre el sistema de acogida circulan versiones contradictorias. Se afirma que las ayudas se han recortado, que las clases de español llegan hasta un nivel A2 y que después quien quiera comer debe aceptar trabajos de cuidados. También se dice que no acudir a clase era motivo de suspensión de la ayuda. Y se apunta a un fenómeno llamativo: personas que pidieron asilo y ayuda por la guerra y que, una vez cobrada, regresan a Ucrania.
El debate sobre el gasto público se cuela en casi todos los tramos: se menciona el envío de
1.000 millones de euros en ayuda por parte del Gobierno español y se pregunta cuánto de ese dinero llega a quien lo necesita. La sospecha de corrupción es explícita: hay quien califica a Ucrania como uno de los países más corruptos del mundo y sitúa a España en segundo lugar.
El trasfondo histórico y el doble rasero
Hay mensajes que retroceden a 2014 y al Maidán, y que sostienen que el conflicto no empezó en 2022. Se discute el estatus de Crimea, su valor estratégico para la salida rusa al Mediterráneo y la hambruna de 1932, con versiones enfrentadas sobre quién la provocó. También se señala la contradicción de quienes apoyan la separación de Ucrania respecto de Rusia y rechazan cualquier consulta independentista en Cataluña.
El cierre del arco lo pone la pregunta que nadie responde del todo: si la causa es tan justa, ¿por qué los que la defienden con más vehemencia son precisamente los que no van a ir?