Rusia da la vuelta a la guerra y el relato cambia de bando
La guerra de Ucrania ha entrado en una fase en la que el avance ruso deja de ser una hipótesis y se convierte en el eje del relato. El punto de partida es un mensaje que proclama la vuelta a la guerra con una retahíla de «un país, una patria, una nación, un pueblo, un Dios» y que atribuye a las tropas ucranianas el comienzo de conversaciones sobre rendición. La pieza cita como fuente el diario
Público, lo que provoca de inmediato una paradoja que recorre toda la conversación: un medio de línea progresista sirviendo de munición argumental a los partidarios de Moscú.
Qué se discute cuando se dice que Rusia avanza
La afirmación central es que Rusia ha pasado de resistir a empujar. El ministro de
Defensa ruso, Serguéi Shoigú, cifró en más de **80.000 soldados ucranianos** las pérdidas desde principios de año y en **14.000 unidades de armamento** destruidas, entre ellas más de **1.200 tanques** y blindados. Son datos que se repiten como prueba del giro. La respuesta escéptica no niega el avance, lo relativiza: se avanza «unos cuantos metros al día», igual que en la ofensiva ucraniana del verano, y la sensación es de parálisis, no de ruptura.
El otro frente es el de las armas. La llegada de cazas F-16 se presenta como el factor que puede cambiar la ecuación. Hay quien sostiene que los F-16 actuales incorporan componentes modernizados que los sitúan al nivel de aparatos muy posteriores, y quien recuerda que llegan «pocos, muy pocos». El contraargumento es que su valor real no está en el aparato sino en la inteligencia que lo acompaña, y ahí entra el F-35 como multiplicador silencioso.
El eje religioso: de cruzada comunista a cruzada cristiana
El hilo se parte por la mitad cuando entra la religión. Una parte sostiene que Rusia es hoy el faro cristiano de Occidente frente a un Occidente que habría abrazado el nihilismo. Otra responde con datos de práctica religiosa: la asistencia a la iglesia ortodoxa rusa se sitúa en torno al **1%**, y los templos se llenan más de propaganda que de fieles. La discusión deriva hacia la familia, el aborto, el alcoholismo y la ruptura social, y termina en un intercambio de acusaciones sobre quién instrumentaliza a Dios.
La paradoja histórica que se apunta es fina: la religión sobrevivió a cuarenta años de comunismo en Rusia «por los pelos», pero sobrevivió; en España, cuarenta años de nacionalcatolicismo dejaron un resultado que se discute como peor. La conclusión que se extrae es que la fe no se mide por el discurso oficial sino por la práctica, y ahí los números no acompañan a ninguno de los dos bandos.
La OTAN: de derrotada a principal beneficiada
Uno de los giros más interesantes del análisis es el que sostiene que, gane quien gane en el terreno, la OTAN ya ha ganado. La alianza está intacta, ha incorporado a dos países más y ha convertido el mar Báltico en un lago propio. El argumento se completa con la lectura de que empujar a Ucrania contra Rusia servía para arrastrar a los neutrales europeos —Suecia, Finlandia y, en la lista de presión, Suiza, Austria, Moldavia, Serbia o Bosnia— hacia la órbita atlántica.
La otra lectura es la del win-win estadounidense: si Ucrania aguanta, Rusia se desestabiliza y se fragmenta; si se desmorona, la mitad occidental queda bajo influencia atlántica y se rompen los vínculos energéticos entre Europa y Rusia. En ambos escenarios, el que paga es el contribuyente europeo.
Con estos mimbres, la predicción más razonable es que el relato del avance ruso seguirá ganando terreno en los medios mientras las cifras de bajas y de armamento destruido sigan siendo el único dato verificable. Lo que no está escrito es cuánto tiempo puede sostenerse un frente que avanza metros sin romper nada.