Si se repasan las acusaciones cruzadas que circulan estos días sobre la crisis fronteriza, el fuego en Ceuta tiene más pirómanos que bomberos. La última imputación apunta a Moscú: redes de desinformación rusas serían responsables de buena parte del ruido. Hay quien llega a atribuirles el 90% de los mensajes de desmoralización que circulan en español, una cifra imposible de verificar pero que sobrevuela la conversación.
No todos lo ven igual. Hay quien sostiene que la clave está en Marruecos, no en Rusia. La pregunta de quién abrió los pasos fronterizos entre Ceuta y el país vecino sigue sin respuesta en esta versión de los hechos. Y una tercera corriente, con ironía, recuerda que Rusia ya tiene bastante con el Nord Stream 2 como para andar prendiendo fuego en el estrecho.
En medio, una referencia a una sentencia del Tribunal Supremo añade una capa jurídica a un asunto que se mueve entre la geopolítica y el runrún de redes. El asunto, como se ve, tiene más preguntas que certezas.
Con tantos señalamientos cruzados, una pregunta queda flotando: ¿quién tiene interés real en que Ceuta arda?