Rusia compite sin bandera ni himno y el COI se queda solo
¿Puede una institución que se presenta como neutral hacer política con el deporte? El Comité Olímpico Internacional decidió que los deportistas rusos compitan como neutrales: sin símbolos nacionales, sin himno y sin representación en los deportes de equipo. La decisión llegó después de la invasión de Ucrania, pero el criterio no se aplicó igual en otros conflictos. La pregunta que recorre el asunto no es si
Rusia merece un correctivo, sino por qué el correctivo deportivo se reserva para unos y no para otros.
Qué decidió el COI con los deportistas rusos
El COI resolvió que los atletas rusos compitan bajo bandera neutral, sin símbolos nacionales y sin himno, y que no haya representación rusa en los deportes de equipo. La medida se suma a un historial previo: según se recuerda en el debate, Rusia ya venía de ser excluida de Olimpiadas y otras competiciones internacionales por sus programas estatales de dopaje sistemático y el soborno de las agencias antidopaje para taparlo.
Ese antecedente es el que sostiene la decisión. Quien la defiende argumenta que invadir y anexionarse territorios de otros Estados violando los tratados firmados tiene consecuencias, y que en este caso llueve sobre mojado. El problema es que la vara de medir no se aplica igual a todos.
Por qué se cuestiona la neutralidad del COI
La objeción más repetida es la asimetría. Hay quien sostiene que otros países han bombardeado, invadido o mantenido a la mayoría de su población sin derechos y nunca fueron tratados así. Se citan Estados Unidos en Vietnam, Iraq durante el uso de gas contra la población kurda, Israel con su nulo respeto hacia las resoluciones de la ONU o Sudáfrica durante el apartheid. Ninguno sufrió un correctivo deportivo equivalente.
La explicación que más circula es económica. Según se sostiene en el debate, el COI obtiene la mayor parte de su dinero de patrocinadores y derechos de televisión, y muchos de esos patrocinadores son estadounidenses: Coca Cola, VISA, P&G o NBC. Quien paga, manda. Después, el COI repartiría parte de ese dinero entre las federaciones deportivas en función de las audiencias, lo que cierra el círculo: las federaciones también tendrían incentivos para no incomodar al pagador.
El atleta ruso como moneda de cambio
La sanción no recae sobre un gobierno, recae sobre un país y su gente. Dentro de esos atletas hay quien apoya al gobierno, quien no y quien solo quiere competir. La exclusión por nacionalidad castiga a los tres por igual.
Hay quien recuerda que esto no ocurría ni durante la Guerra Fría. Los boicots a los Juegos de Montreal, Moscú y Los Ángeles fueron renuncias a participar por parte de los comités olímpicos de unos cuantos países, no expulsiones impuestas desde arriba. La diferencia no es menor: una cosa es que un país decida no ir, otra que se le prohíba estar.
El precedente de la tregua olímpica
En la antigua Grecia, durante las Olimpiadas se detenían las guerras: los enemigos pasaban a ser rivales en la competición. Ese principio fundacional, la tregua olímpica, es el que se señala como vulnerado. La crítica apunta a que el COI no promueve la paz, sino que hace la guerra a su manera.
El resultado previsible, según esta lectura, es que el Movimiento Olímpico pierda legitimidad y que vuelvan los boicots de grandes potencias deportivas. Hay quien sostiene que en Estados Unidos ya se estaría yendo a por los chinos mediante la Ley Rodchenkov. Si los países vetados responden en bloque, las Olimpiadas se van a tomar por el culo rápido.
Qué pasa con los atletas que sí compiten
La acogida de la medida entre los propios deportistas rusos ha sido tibia. Según un cálculo que circula en el debate, solo alrededor de quince habrían aceptado competir en esas condiciones, y la mitad serían tenistas. El resto prefiere no ir antes que hacerlo sin bandera.
Hay quien ve en esa renuncia una escena reivindicativa de la identidad rusa, y quien considera que quien vaya en esas condiciones queda marcado. La expectación de los Juegos, mientras tanto, se ha desplazado a otros asuntos: si hay incidentes, robos o altercados en la ciudad. No han empezado y ya van saliendo cositas.
La historia de las sanciones deportivas deja un patrón incómodo: ningún gobierno ha caído por ellas. Cuba, Irán, la España bloqueada en 1946. Ahí siguen, décadas después. Si el objetivo era doblegar a un gobierno, el método no tiene antecedentes de éxito. Si el objetivo era otro, quizá convenga revisar quién paga la fiesta.