Cuatro años de guerra y ni un palmo ruso recuperado
Un usuario del foro sostiene que el mejor ejército de Europa, con el respaldo económico y militar de la OTAN, lleva cuatro años sin reconquistar un solo kilómetro de terreno ruso. Según su mensaje, Rusia no ha perdido un palmo y ha ampliado su control sobre la quinta parte del territorio ucraniano. Mientras, el flujo de armamento occidental —desde carros de combate hasta sistemas antiaéreos— no se habría traducido en avances territoriales significativos sobre suelo ruso.
El dato clave, según ese planteamiento, no es cuánto se ha enviado, sino cuánto se ha logrado con ello. La paradoja que recorre el análisis es que una coalición que agrupa a más de cincuenta países, con la mayor economía del planeta al frente, no habría conseguido revertir la situación sobre el terreno.
Más de un millón de bajas ucranianas es la estimación que circula en el hilo, sin que ello haya supuesto una pérdida territorial rusa comparable.
¿Por qué la OTAN no ha recuperado terreno en Rusia?
La respuesta que se da en el debate es que la OTAN no ha desplegado tropas propias sobre el terreno. No hay divisiones europeas disparando, ni portaaviones operando en el Báltico, ni cazas occidentales sobrevolando el frente, según los participantes. El apoyo se habría canalizado vía suministro de armamento, inteligencia y financiación, pero sin implicación directa de fuerzas de la alianza. Eso explica que no haya bajas oficiales de la OTAN, pero también que el avance territorial dependa exclusivamente de las fuerzas ucranianas.
Hay quien sostiene en el hilo que esa es precisamente la trampa: una
guerra por delegación en la que Occidente pone el dinero y Ucrania pone los muertos. El cálculo más optimista asume que el desgaste ruso acabará pasando factura; el escenario pesimista parte de que
Rusia produce ahora el doble de blindados y el triple de artillería que en 2022, según los datos que se citan en el debate. Si esa capacidad industrial se mantiene, el desgaste no jugaría a favor de quien recibe suministros externos.
El desgaste ruso: ¿mito o realidad?
La narrativa del desgaste ruso choca, según algunos participantes, con la evidencia de que Rusia no solo no ha retrocedido, sino que ha consolidado el corredor del Mar de Azov y ampliado su control territorial. Frente a la idea de un ejército ruso al borde del colapso, los datos que se citan apuntan a un incremento de efectivos: de los 100.000 hombres con los que comenzó la operación a los 500.000 actuales. Esa progresión no encajaría con la imagen de un ejército exhausto.
El argumento contrario, también presente en el hilo, es que ese aumento de tropas y producción tiene un coste insostenible a largo plazo. La dependencia de suministros externos —Corea del Norte, Irán, China— se presenta como señal de debilidad, no de fortaleza. La pregunta es cuánto tiempo puede sostener Rusia ese ritmo sin que su economía se resienta de forma crítica. Nadie tiene la respuesta cerrada.
El fracaso del relato occidental
El relato de una Ucrania victoriosa que recuperaría todo su territorio se habría ido desinflando con el paso de los meses, según los mensajes del debate. Lo que empezó como una contraofensiva esperanzadora terminó, según estas opiniones, en un avance limitado y costoso. La comparación con otras guerras —Chechenia, Afganistán— se usa para argumentar que las potencias militares pueden tardar años en doblegar a un adversario que no se rinde.
La ironía, según se plantea, es que el mismo argumento que se usó para justificar la intervención —la superioridad moral y material de Occidente— es el que ahora se vuelve en contra. Si la superioridad era tan abrumadora, ¿por qué no se ha traducido en resultados? La respuesta que se da desde el otro lado es que la guerra es un asunto de voluntad política, no solo de medios. Y la voluntad occidental, con elecciones de por medio, tendría fecha de caducidad.
¿Qué pasa con las bajas de la OTAN?
La OTAN no reconoce bajas propias porque no tiene tropas combatiendo, según se afirma en el hilo. Eso no significa que no haya personal occidental sobre el terreno: se habla de mercenarios, contratistas y asesores, pero sin reconocimiento oficial. La discusión sobre si hay militares europeos operando encubiertamente es recurrente, aunque no hay confirmación institucional.
El punto que subyace es que una guerra sin bajas propias es una guerra que se puede prolongar indefinidamente desde el punto de vista político interno. El coste humano lo asume otro. Esa asimetría sería la que permite que el conflicto se mantenga sin que la opinión pública occidental se fracture del todo.
El futuro: ¿paz o tercera guerra mundial?
El escenario que se dibuja en el debate no es el de una rendición incondicional de ninguna de las partes, sino el de un conflicto congelado o una paz precaria. La idea de que se están sentando las bases para un conflicto mayor en una o dos décadas aparece con fuerza: el odio generado, el rearme y la desconfianza mutua no se metabolizan fácilmente.
La pregunta que queda flotando es si Occidente está dispuesto a mantener el esfuerzo indefinidamente o si, en algún momento, la fatiga política acabará imponiendo una negociación. Por ahora, la única certeza que se expresa es que el terreno no se mueve y las cifras de bajas siguen subiendo. ¿Cuánto tiempo más puede sostenerse esa ecuación?