Del «yo sé» de Job al Rosario de las 22:00
La liturgia de este jueves 1 de octubre de 2026 no reparte certezas: reparte aguante. La primera lectura, tomada del
libro de Job (19, 21-27), es la queja de un hombre despojado que se aferra a una sola frase —«Yo sé que mi redentor vive y que al fin se alzará sobre el polvo»—, el salmo responsorial responde desde el otro lado —«Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida»— y el evangelio de Lucas (10, 1-12) añade la parte incómoda: los enviados salen sin bolsa, sin alforja y sin sandalias. La jornada cierra a las
22:00, con el rezo del Santo Rosario.
El «yo sé» de Job y el vértigo de que otros tengan razón
La reflexión que acompaña las lecturas —firmada por Sor Teresa de Jesús Cadarso, del Monasterio de Santo Domingo de Caleruega— se detiene en lo que la Biblia de Jerusalén titula
«El triunfo de la fe en el abandono de Dios y de los hombres». El dolor del patriarca, señala, no viene solo del silencio divino, sino de algo más retorcido: la posibilidad de que quienes le acusan tengan razón, de que el castigo sea merecido.
La conclusión del texto es que Job deja de discutir. No gana el debate; lo abandona. Se adentra solo en la noche y suelta toda seguridad. «Más que creer, sabe», resume. Es una distinción fina y nada cómoda: la fe como dato interior, no como argumento disponible para convencer a nadie del rellano.
Setenta y dos enviados sin bolsa, sin alforja y sin sandalias
El evangelio del día es el envío de los setenta y dos discípulos, de dos en dos, por los pueblos adonde pensaba ir el propio Jesús. Las instrucciones son de una austeridad que hoy suena a chiste: nada de equipaje, nada de saludos por el camino y una sola frase de entrada —«Paz a esta casa»— que se queda donde la reciben o vuelve con quien la lleva.
«La mies es abundante y los obreros pocos», advierte el texto, antes de añadir el detalle amable: si no os reciben, se sacude el polvo de los pies y a otra cosa. Ni reproche largo ni venganza pendiente.
¿Cómo se reza el Rosario convocado a las 22:00?
Con letanías —no obligatorias, pero agradables a la Madre del Cielo—, la Salve y el Ave María cantado, según la guía con viñetas difundida para la ocasión. La convocatoria fija una duración máxima cronometrada de
entre 25 y 30 minutos, y quien la mantiene sostiene que el rezo vale todo el año, con una lista de intenciones que va desde la reparación por las ofensas contra el Sagrado Corazón hasta la defensa de la vida desde su concepción hasta su final natural.
La pieza incluye además el catálogo de promesas atribuidas a las apariciones marianas: protección, gracias especiales, la de no perecer sin los sacramentos y la de librar del purgatorio a quienes recen devotamente. Es material devocional, no magisterio, y así conviene leerlo.
Coronilla a las 15:00 y apotegmas del desierto
A la agenda diaria se suman otros dos bloques. La Coronilla de la Divina Misericordia se sitúa idealmente a las
15:00, por ser la hora de la Misericordia, y la jornada se completa con los apotegmas de los Padres del Desierto, la colección alfabética compilada en el
siglo XVII por el jesuita Heribert Rosweyde y traducida al francés por Guy, Regnault y los monjes de Solesmes.
Todo esto se sostiene sobre una disciplina de horario, no sobre un arrebato. Con el Rosario fijado a las 22:00 y una lista de intenciones que se renueva cada día, la continuidad dependerá de que alguien mantenga la convocatoria cuando pase la novedad. Nadie ha prometido que lo haga.