La lectura del día: cuando la misericordia es la mejor inversión
¿Qué tiene que ver un pasaje de la segunda carta a los Corintios con la rentabilidad? Más de lo que los manuales de finanzas admiten.
La lectura que se proclama hoy, lunes 10 de agosto, arranca con una máxima que desafía la lógica del interés compuesto: «El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará». No es una invitación al despilfarro, sino una apuesta por la generosidad como motor de retorno. Dios — añade el texto — ama al que da con alegría, no al que se desprende del dinero a regañadientes.
El préstamo como gesto de compasión
El título de la jornada lo resume: «Dichoso el que se apiada y presta». La combinación de apiadarse y prestar no es casual: la compasión transforma el crédito en alivio, y el préstamo en solidaridad. El salmo responsorial refuerza la promesa: «Su linaje será poderoso en la tierra». Es decir, la misericordia tiene una descendencia, una herencia, un balance que no cotiza en bolsa.
La tradición del día añade además la Coronilla de la Divina Misericordia, recomendada a las tres de la tarde, la hora de la muerte de Jesús. La coincidencia horaria no es un detalle: sitúa la práctica económica — dar, prestar, apiadarse — en el corazón del misterio cristiano.
No es difícil imaginar a algún analista sonriendo ante la idea de avalar un balance con la generosidad. Pero el texto lleva dos mil años dando de vueltas. Quizá sea el único activo que nunca sufre un rescate.