El evangelio diario encuentra su templo en la pantalla
¿Quién se reúne un lunes cualquiera, en pleno agosto, para leer a Ezequiel y rezar la Coronilla de la Divina Misericordia? Más gente de la que parece. La propuesta de este lunes era de las que no invitan a la alegría: Dios comunica al profeta que le va a arrebatar «el encanto de sus ojos» y le prohíbe cualquier rito fúnebre. El pasaje, Ezequiel 24, 15-24, sirvió de eje a una pequeña comunidad devota que mantiene su rutina litúrgica en el espacio digital: evangelio, homilía, santoral y oraciones compartidas.
Ezequiel, el viudo sin derecho a lamento
El texto no tiene desperdicio. Dios anuncia la muerte de la mujer del profeta, pero Ezequiel no puede llorar, no puede hacer duelo, no puede cubrirse la barba ni comer el pan de luto. «Suspira en silencio», le ordena. Por la mañana habló al pueblo y por la tarde murió su mujer. Al día siguiente, hizo lo que se le había mandado. La escena, cruda, suele leerse como símbolo de que el pueblo no deberá lamentar abiertamente la destrucción de Jerusalén. La comunidad digital que la compartió no añadió glosa: el texto se sostiene solo.
La hora exacta de la misericordia
Junto al evangelio se recordó que lo ideal es rezar la Coronilla a las 15:00, la hora en que la tradición sitúa la muerte de Jesús. Además, se difundieron los Apotegmas de los Padres del Desierto, dichos de los primeros monjes cristianos compilados en el siglo XVII por el jesuita Heribert Rosweyde y traducidos con la participación de los monjes de Solesmes. La liturgia completa, en definitiva: del viudo que no puede llorar a la misericordia con hora fija, todo cabe en una rutina que no entiende de vacaciones.
Internet no ha matado la liturgia: la ha trasladado de banco a banquillo digital. A las tres de la tarde, la misericordia sigue teniendo hora, aunque el reloj sea el del dispositivo. Y Ezequiel, desde luego, no habría tenido donde esconder sus lágrimas.