Religión: Santo evangelio de hoy. Viernes, 25 de septiembre, "¡Bendito el Señor, mi alcázar!" *******************************************Sto.Rosario a las 22.00

Santo evangelio de hoy. Viernes, 25 de septiembre, "¡Bendito el Señor, mi alcázar!" *******************************************Sto.Rosario a las 22.00
RESUMEN

Jesús se retira a orar y plantea una pregunta crucial a sus discípulos: "¿Quién decís que soy yo?". La respuesta de Pedro, "El Mesías de Dios", choca con la visión de Jesús sobre el sufrimiento y la pasión.

El peso de la identidad y la misión

Jesús, tras un momento de oración solitaria, se dirige a quienes le acompañan con una pregunta que resuena en el tiempo: "¿Quién dice la gente que soy yo?". Las respuestas que recibe son un reflejo de la expectación y la confusión de la época. Unos lo ven como Juan el Bautista, otros como Elías, e incluso hay quienes creen que es la resurrección de algún antiguo profeta. Son visiones que, si bien reconocen su trascendencia, no alcanzan la profundidad de su verdadera identidad. La gente habla, especula, pero la conciencia que Jesús tiene de sí mismo y de su misión es algo distinto, una verdad que trasciende las percepciones populares.

La tensión se palpa en el ambiente cuando Jesús, sabiendo que las opiniones de sus seguidores no coinciden del todo con su propia realidad, insiste: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?". Es el momento de la definición, de la opción personal frente a la mera opinión colectiva. Pedro, tomando la palabra en nombre de los discípulos, responde con una afirmación rotunda: "El Mesías de Dios". Una declaración cargada de significado, la confesión de fe que se considera fundamental. Sin embargo, la reacción de Jesús es inesperada: les prohíbe terminantemente decirlo a nadie.

La corrección del Mesías sufriente

La orden de silencio de Jesús no es un acto de humildad o de estrategia política, sino una corrección profunda a la idea que sus discípulos, y la gente en general, tienen de un Mesías poderoso, guerrero y triunfal. Jesús sabe que la verdadera naturaleza de su misión implica un camino muy diferente. Por eso, añade una advertencia que rompe con cualquier expectativa de gloria terrenal: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día".

Este anuncio de la pasión es la clave que desvela el verdadero rostro del Mesías. No es un líder que busca el poder y el reconocimiento mundano, sino alguien que está llamado a asumir el fracaso, el rechazo y el sufrimiento como parte esencial de su obra liberadora. Los poderosos de la época, aquellos que ostentan la autoridad religiosa y política, se opondrán a él, le perseguirán e incluso le darán muerte. Esta es la dura realidad que Jesús anticipa, una realidad que choca frontalmente con la visión de un Mesías invencible.

El camino del seguimiento hoy

La reflexión sobre la identidad de Jesús y el anuncio de su pasión tiene una aplicación directa a la vida de quienes le siguen. El camino de seguimiento no está exento de dificultades, controversias y aparentes fracasos. Aceptar estas situaciones, incluso el fracaso humano, es fundamental para que, como cristianos, podamos cambiar nuestra actitud frente a los valores del éxito y la eficacia que dominan nuestro mundo. Huir del compromiso por miedo a la cruz o a los conflictos cotidianos significa, en última instancia, perder la vida.

Frente a las múltiples realidades de muerte y deshumanización que nos rodean, Jesús nos recuerda que el Reino de Dios no se construye si no asumimos el compromiso de cuidar y defender la vida allí donde estemos: en nuestra familia, en nuestra comunidad y en nuestro entorno más cercano. La verdadera victoria no reside en la ausencia de sufrimiento, sino en la capacidad de amar y servir, incluso ante la adversidad, confiando en que, como dice el Salmo 90, Dios es nuestro refugio y alcázar.

Datos clave
  • Jesús pregunta a sus discípulos quién creen que es.
  • Pedro responde: "El Mesías de Dios".
  • Jesús anuncia que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho.
  • La misión de Jesús implica sufrimiento y resurrección.
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