El 60% de los HIMARS destruidos, según canales ucranianos
Más de la mitad de los lanzacohetes HIMARS entregados a Ucrania estarían fuera de combate. La cifra, un
60%, no sale de un comunicado de Moscú: la publica un canal de Telegram ucraniano con
670.000 suscriptores que asegura citar a fuentes militares del propio país. Si el dato es exacto, Ucrania ha perdido la mayor parte del arma que su propaganda vendió como decisiva. Si es falso, alguien está moviendo una cifra muy concreta por canales poco verificables. En cualquier caso, el HIMARS deja de ser un símbolo y pasa a ser un problema de inventario.
Rastreo silencioso y el error de operar en grupo
El relato que sostiene ese porcentaje afirma que el éxito inicial de los HIMARS no pilló desprevenido al Ejército ruso. Según esta versión, los movimientos de los lanzadores se siguieron durante mucho tiempo sin intervenir, acumulando información. En los primeros días de uso, los vehículos no permanecían más de
12 horas en el mismo punto y se dispersaban para no ofrecer un patrón claro. La disciplina se rompió cuando, al convencerse de que no eran detectados, pasaron a operar agrupados. El agrupamiento es justo lo que facilita la localización.
La misma versión añade dos movimientos rusos: un cambio parcial en la ubicación de los almacenes y un refuerzo de la defensa aérea. Con menos de la mitad de los lanzadores en servicio, sostiene, el Estado Mayor ucraniano los reserva y ha reducido el
ruido mediático. Ucrania sigue logrando impactos, admite el texto, pero de alcance menor.
El puente Antonovsky: mes y medio de ataques y una estructura que aguanta
Las imágenes satelitales de los días
21, 24, 25 y 26 de agosto muestran impactos repetidos en el mismo tramo del puente Antonovsky, con un margen de error de apenas
+/- 5 metros. Después de un mes y medio de ataques constantes y de un gasto enorme de misiles, la estructura sigue en pie: Moscú no ha perdido la arteria de transporte hacia la otra orilla del Dniéper. Para una parte del análisis militar, ese empeño fue un fracaso cuyo único objetivo era la foto y las relaciones públicas.
La objeción técnica es la más repetida. Los ucranianos disparan cohetes GMLRS M31 porque no tienen otra cosa, y con ese calibre es prácticamente imposible tumbar un puente de esas características. A lo sumo, complicar la circulación. Quien exige que el puente caiga de un solo golpe, dice este argumento, no ha entendido qué puede y qué no puede hacer un lanzador de este tipo. Y quien lo defiende como gran éxito militar tampoco.
Del Bayraktar al Javelin: las armas milagro que dejaron de serlo
El caso HIMARS no es el primero. Antes se anunciaron como decisivos los drones turcos Bayraktar, ya historia; los misiles anticarro Javelin y NLAW, también historia. Ahora toca a los lanzacohetes. La secuencia recuerda a una lectura recurrente: cuando un bando empieza a presentar armas milagrosas, es señal de que va perdiendo. El paralelismo histórico que se cita es Alemania en la Segunda Guerra Mundial, que estrenó la bomba V2, el primer misil guiado aeronaval y el primer caza a reacción, y perdió igualmente.
Hay una explicación técnica que se maneja para justificar por qué estos sistemas modernos caen antes que los viejos. Los equipos nuevos usan posicionamiento y telemetría por satélite, y esa dependencia los hace
fácilmente localizables. Un material de hace cuarenta años, sin esas firmas electrónicas, sería más difícil de detectar. La paradoja es incómoda para quien confiaba en la superioridad tecnológica como factor decisivo.
Un HIMARS confirmado frente a una cifra del 60%
Aquí choca el dato con la prueba. Frente al 60% que difunde la fuente ucraniana, la respuesta insistente es que no existe evidencia visual sólida de un número relevante de lanzadores destruidos. La confirmación documentada se queda, según este sector, en un solo caso. La contrarréplica menciona señuelos: se habrían destruido HIMARS de madera. Un intercambio que deja el marcador abierto y que conviene leer con la misma desconfianza con la que se recibe cualquier parte oficial.
El coste de oportunidad: ¿un HIMARS o un camión cisterna?
Hay quien pone el foco en otro sitio. Un tanque de combustible de suministro se traga
900 litros al día en tres recorridos, y los nudos ferroviarios y los puentes de la retaguardia tendrían un efecto mayor sobre la logística enemiga que unos pocos lanzadores. Bajo esa lógica, la atención desmedida al HIMARS es una distracción: el arma que más desgasta al rival es la que corta su combustible, no la que aparece en un vídeo en alta definición.
El análisis se atasca justo aquí. No hay verificación independiente del 60%, ni forma de mover ese número sin salirse del terreno de las fuentes interesadas. La única certeza, a la espera de dato mejor, es que los HIMARS han dejado de protagonizar titulares. Y eso, en una guerra que se libra tanto en el campo de batalla como en el relato, también es información.