El PP no deroga ni una ley del PSOE desde 1996, según el cálculo que circula
Según un cálculo que circula entre los participantes, el Partido Popular no ha derogado ni una sola ley socialista desde 1996. Ni con Aznar, ni con Rajoy. Es el dato que sostiene una tesis incómoda: el partido que se presenta como alternativa gobierna con el marco normativo del adversario intacto. A partir de ahí, la conversación derivó hacia un asunto más áspero: si esa parálisis es incompetencia, complicidad o simple comodidad en la oposición.
El punto de partida fue una noticia sobre el avance de VOX. La reacción mayoritaria no apuntó al partido de Abascal, sino al PP. La acusación repetida: hacer seguidismo de la agenda de la izquierda y regalar votos por el camino. «Si es que están empeñados en regalarles votos haciendo seguidismo de la izquierda», resume una intervención que marca el tono de las primeras respuestas.
¿Por qué el PP no deroga las leyes del PSOE?
La respuesta más citada es que no quiere. Un cálculo que circula entre los participantes sostiene que desde 1996 hasta hoy el PP ha derogado cero leyes del PSOE, incluida la etapa de Aznar, que muchos daban por más beligerante. «Ni una puñetera ley», zanja el mismo mensaje. El hallazgo sorprende incluso a quien lo investiga.
De ahí sale la teoría dominante: al PP le conviene el marco heredado. La estructura de gasto, el peso del empleo público y el bloque de pensionistas forman una base electoral que ningún gobierno de derechas quiere tocar. «Suma pensionistas, funcionarios, la industria política más paguiteros varios», enumera una intervención, que remata: «Pocos votos me parecen un 60%».
La conclusión que se repite es que el PP y el PSOE no compiten, se alternan. «El PPSOE es inexpugnable. No hay ola que pueda con ese muro», sostiene una respuesta. Otra lo formula con más retranca: «Al final viene a ser lo mismo: el PP azul y el PP verde».
El pacto que nadie descarta: PP y PSOE juntos
El escenario que más inquieta no es una victoria de VOX ni una de Feijóo. Es la suma de los dos grandes. «El drama es que estamos a 2 telediarios del pacto PP + PSOE», avisa una intervención, que coloca el eje real del debate en globalismo frente a nacionalismo, no en izquierda contra derecha. Bajo esa lectura, PP, PSOE, Sumar y sus satélites compartirían programa de fondo.
El argumento se apoya en la política migratoria. Hay quien sostiene que el movimiento de regularización impulsado desde el Gobierno tenía como objetivo hacer crecer a VOX a costa del PP, para después agitar el miedo a la ultraderecha y reagrupar el voto de izquierdas. La secuencia, según esta lectura, sería deliberada: inflar al adversario útil y luego presentarlo como amenaza.
En paralelo, la crítica a la dirección popular se vuelve personal. Feijóo aparece retratado como un dirigente que no quiere gobernar, cómodo en la oposición y sin guía clara en nada. «Se está muy a gusto en la oposición llevándoselo crudo sin verse en nada», resume una teoría repetida. Otra pide directamente un cambio de liderazgo y avisa de que sustituir a Feijóo por Ayuso es «cambiar a un socialista por otro».
La estrategia que VOX debería seguir, según el análisis dominante
La receta más repetida para VOX no es moderarse. Es lo contrario: exigir. «Vamos a obligar al PP a quitar las políticas de izquierdas», plantea una intervención, que reclama dejar de hablar de responsabilidad y empezar a hablar de políticas concretas. La tesis de fondo es que existe mayoría social para desmontar la agenda del Gobierno y que el PP no la ejecuta por falta de voluntad, no de apoyos.
La variante más elaborada propone un órdago: que VOX anuncie que solo gobernará con mayoría absoluta. El cálculo es que el votante popular acabe viendo al PP como el PSOE de los 90 y a VOX como el PP auténtico de los 90. Puede salir mal, admiten, y dejar a VOX sin opción de gobierno. O puede funcionar si el electorado de aluvión, el que se apunta al que percibe como ganador, cambia de caballo.
Ese votante de aluvión es la pieza clave del análisis. Hay quien sostiene que un porcentaje alto del voto popular no es ideológico, sino oportunista, y que se mueve cuando la percepción de victoria se altera. Que VOX haya superado al PSOE en algunas localidades se lee como señal crítica: deja de ser marginal y pasa a ser opción asumible. El cálculo completo, con los umbrales y los escenarios, da para una discusión larga.
La crítica que no cesa: Guardiola y el cordón sanitario
El flanco más duro apunta a la dirección del PP por su relación con VOX. Una intervención reprocha a Guardiola que facilite la investidura del adversario y ningunee al partido de Ortega Lara. El reproche de fondo: el cordón sanitario se aplica hacia dentro, no hacia el PSOE.
La acusación de corrupción recorre el tramo final. «Esa organización es corrupta, casi al mismo nivel que la del PSOE, de ahí que se protejan mutuamente en los momentos importantes», sostiene una respuesta que anuncia que no volverá a votar al PP. Otra añade que la dirección popular actúa como muleta del Gobierno y que arrastra el problema de no dar la pelea de las ideas.
El cierre más repetido no es una esperanza, sino una predicción con reservas. Si el PP sigue sin derogar, sin confrontar y sin candidato que represente a la derecha sociológica, el trasvase de voto hacia VOX debería acelerarse. Debería. La parálisis del PP lleva tres décadas sin romperse y nadie apuesta a que se rompa ahora.
Datos clave
- Cero leyes del PSOE derogadas por el PP entre 1996 y la fecha de la discusión, según el cálculo que circula en el análisis.
- El 60% de voto a PSOE y PP aparece citado como el bloque que sostiene el sistema de partidos.