Láser ocular: el 35% de los operados sufre halos, según la FDA
Un estudio de la agencia estadounidense de productos sanitarios cifró en 2014 los daños de la cirugía refractiva:
35% de pacientes con halos, 30% con ojo seco y 6% con visión fantasma. Lo recuerda la Asociación de Afectados por Intervenciones de Cirugía Refractiva (Asacir), que reclama una moratoria de estas intervenciones hasta que existan estudios epidemiológicos a medio y largo plazo. El negocio, mientras, sigue funcionando con eslóganes del tipo «olvídate de tus gafas en cinco minutos y para siempre», que la propia asociación califica de falsos: aproximadamente
la mitad de los operados vuelve a necesitar gafas pasados los años.
Qué secuelas deja la operación de miopía con láser
Las técnicas más empleadas —PRK, Lasik y Relex SMILE— comparten un problema de fondo: la impredecibilidad. El coordinador de Asacir lo describe como vivir con una incertidumbre constante sobre el futuro. Los síntomas más citados son halos, destellos, deslumbramientos, ojo seco severo y, en los casos más graves,
neuralgia corneal, que algunos afectados describen como sentir agujas clavadas en los ojos las 24 horas del día.
El 4% de los operados presenta síntomas extremadamente molestos y el 1% es incapaz de realizar sus actividades diarias, según los datos que maneja la asociación. Todo ello se camufla bajo el eufemismo de «efectos secundarios», una etiqueta que, al agrupar secuelas muy distintas, permitió en su día aprobar los dispositivos y hoy permite seguir hablando de tasas del 1 al 3%.
Un eufemismo muy rentable.
Por qué los oftalmólogos no se operan
Es el argumento que recorre toda la conversación. Varios participantes cuentan que sus oftalmólogos llevan gafas y desaconsejan la operación. Uno de ellos asegura que un familiar oftalmólogo no ha conocido en toda su profesión a un solo colega operado. Otro relata que tanto la clínica Barraquer como el Instituto Catalán de la Retina le desaconsejaron operarse:
«no vale la pena, siempre hay riesgos», le dijeron.
La explicación que se apunta no es tanto el miedo como el sesgo profesional: quien ve a diario las complicaciones quirúrgicas tiende a ser más cauto. También hay quien recuerda que la presbicia llega con la edad y que ningún láser la evita. El resultado es una imagen incómoda: los que venden la intervención no pasan por ella.
Lentes intraoculares: edemas corneales y trasplantes años después
El foco se ha desplazado en los últimos tiempos hacia las lentes intraoculares fáquicas, presentadas como alternativa al láser. La asociación advierte de que los propios fabricantes admiten que no pueden predecir su efecto pasados los años, y asegura que ya hay varios casos de
edemas corneales que acaban en trasplantes de córnea transcurridos varios años desde la operación.
La pregunta que lanza Asacir es incómoda: cómo se aprueba un producto sanitario cuya seguridad a largo plazo no garantiza el fabricante, y menos aún en una cirugía que no es necesaria. La asociación pide que los mal llamados efectos secundarios se recojan como lo que son, secuelas crónicas, y que se clarifiquen los problemas de aparición tardía.
El negocio de la cirugía refractiva y las víctimas que no salen en las estadísticas
Asacir se refundó en diciembre tras años inactiva. La asociación original la había fundado Harmonie Botella en 2004 y llegó a reunirse con el ministro de Justicia Enrique Múgica. En pocos meses, la nueva etapa recibió
más de 200 correos de afectados de toda España y de todas las clínicas, lo que la asociación interpreta como prueba de que el problema es la técnica, no la marca.
El objetivo declarado es una moratoria y la paralización general de estas intervenciones, como reclaman movimientos similares en Estados Unidos y Gran Bretaña. La asociación menciona a ocho familias que han perdido a un ser querido que decidió suicidarse tras las secuelas de la cirugía refractiva. Un veterano oftalmólogo lo resumió ante la FDA con una frase que la asociación repite:
«con la cirugía refractiva estamos jugando a la ruleta rusa con los pacientes».
Gafas frente a láser: el debate sobre el riesgo asumible
Frente a los testimonios de secuelas, hay operados satisfechos. Uno relata que él y sus dos hermanos se operaron hace 15-17 años y no pueden estar más contentos: admiten más deslumbramiento nocturno y presbicia futura, pero reivindican los años sin gafas. Otro resume su caso con ironía:
«a mí me quedó una secuela crónica: veo de puta madre desde que me operaron».
También hay quien matiza. Una operada dice arrepentirse sin haber quedado mal: la calidad de visión no es la misma que con lentillas, tiene sensación de ojo seco y su ojo dominante cambió tras la intervención. Y quien defiende la estadística pura: el que se opera compra papeletas, y a algunos les toca. La comparación con cualquier otra cirugía —una hernia discal, por ejemplo— aparece para relativizar, aunque la diferencia es que aquí la intervención es electiva.
Qué dice la evidencia científica sobre el Lasik
El estudio citado, Lasik Quality of Life Collaboration Project, lo publicó la FDA en 2014. Sus cifras son las que sostienen buena parte del argumento crítico:
35% halos, 30% ojo seco, 28% starbursts, 16% glare y 6% visión fantasma. La asociación sostiene que estos porcentajes se diluyen cuando se presentan como efectos secundarios menores.
La discusión de fondo no es si el láser funciona —funciona para muchas personas— sino a qué precio y para quién. La ausencia de estudios estandarizados a largo plazo es el punto donde ambas partes se atrincheran. Mientras no existan, cada operación sigue siendo una apuesta individual.
La moratoria que pide Asacir no parece inminente. Los datos de la FDA son de 2014 y siguen citándose una década después sin que el marco regulatorio haya cambiado de forma sustancial. Si la tendencia se mantiene, lo previsible es que las lentes intraoculares recojan el testigo del láser y que la discusión se repita con otro nombre comercial.