El secuestro del clan de 'el del Buque' reabre el debate sobre la impunidad del narco
Dos hombres armados entraron a primera hora de la tarde del miércoles en una villa de lujo de El Salobre, en San Bartolomé de Tirajana, tras pasar la garita de seguridad de la urbanización privada a bordo de un Audi negro. En la casa solo estaban la mujer y el hijo de 19 años de José, conocido como 'el del Buque', señalado como el principal responsable del negocio de la cocaína en Gran Canaria tras la caída de 'el capo Campuzano'. Los encañonaron y se los llevaron por la fuerza en el mismo vehículo en el que habían llegado. La hipótesis principal que manejan los investigadores es una venganza por el presunto robo de más de media tonelada de cocaína valorada en 25 millones de euros, un vuelco de droga en el argot policial.
La reacción no se hizo esperar. La Policía Nacional reforzó las vigilancias en carreteras y puertos para evitar que los secuestradores sacaran a las víctimas de la isla. Y en apenas 48 horas, tras dos días de negociaciones mantenidas en completo hermetismo, los familiares fueron liberados en buen estado. El caso sigue abierto y, por el momento, no se han producido detenciones.
Un capo con nombre, apellido y urbanización de lujo
El perfil del protagonista es lo que más ha escocido. José, originario del barrio de Schamann, en Las Palmas de Gran Canaria, es desde hace décadas uno de los nombres conocidos del hampa isleña. Tras la caída hace un año de Juan Carlos C. H., 'el capo Campuzano', habría tomado el relevo al frente del negocio en la isla. Y todo eso, según las informaciones publicadas, sin que la justicia lo haya apartado de la circulación.
La paradoja es difícil de digerir: la prensa detalla su vida, su familia, su dirección y hasta el nombre del barrio del que es originario, mientras él sigue residiendo en una urbanización con garita de seguridad.
La verdadera noticia, apuntan análisis críticos, no es el secuestro, sino que un supuesto capo de la cocaína viva tranquilo en una villa de lujo a la vista de todos. Hay quien sostiene que si las fuerzas de seguridad conocen su existencia, su patrimonio y su domicilio, la pregunta lógica es por qué no se ha actuado antes contra él. La respuesta oficial no ha llegado.
El dinero que no cuadra: villa de lujo y cuenta bancaria vigilada
El episodio ha reabierto un asunto incómodo: el blanqueo de capitales. Una villa en una urbanización privada del sur de Gran Canaria no se paga con nóminas. Y sin embargo, la sospecha de que el dinero procede del narcotráfico no ha bastado para que Hacienda haya tumbado el patrimonio. Cualquier ciudadano que ingrese mil euros en efectivo en su cuenta recibe una llamada o un bloqueo preventivo; el capo, según el relato que circula, compra propiedades millonarias a la vista de todo el mundo. El contraste es el argumento más repetido.
La guerra entre bandas que no cesa
El secuestro no es un episodio aislado, sino un capítulo más de la violencia entre organizaciones que compiten por las rutas de la cocaína en el Atlántico. El supuesto vuelco de droga —robar un alijo a una banda rival— habría sido el detonante. La respuesta fue ir a por la familia. Es el patrón clásico: atacar donde más duele. En una isla, además, las opciones de esconder a dos personas secuestradas son limitadas, y la policía sospechaba que los captores podrían haber sacado a las víctimas por vía marítima. La liberación en 48 horas sugiere que hubo negociación, aunque las autoridades no han confirmado si se pagó rescate.
¿Por qué la policía no detiene a 'el del Buque'?
Porque, según las informaciones disponibles, no consta una orden judicial vigente contra él. La noticia es que la Policía Nacional centró todos sus recursos en rescatar a la familia, no en detener al presunto capo. Esa prioridad ha generado un malestar sordo: se argumenta que el Estado despliega medios extraordinarios para proteger a los familiares de un narcotraficante conocido mientras la persecución del negocio sigue pendiente. La liberación se ha presentado como un éxito operativo, y lo es en términos de vidas humanas. Pero deja intacta la pregunta de fondo: si todos saben quién es y dónde vive, ¿qué falta para actuar?
El caso sigue abierto. No hay detenidos. La mujer y el hijo están sanos. Y el capo, en su villa.