El lunes negro que nunca llegó: el IBEX cae décimas y el nadapasismo gana otra vez
¿Va a desplomarse la bolsa el lunes? La pregunta circulaba por todas partes antes de la apertura del 7 de abril de 2025. El pánico venía servido: Jim Cramer advertía de un crash estilo 1987, el Daily Mail hablaba de caídas superiores al 20% y Arabia Saudí abría con un desplome del 6,78% en el Tadawul All Share. Todo apuntaba a un lunes oscuro. Y sin embargo, el IBEX cerró con unas décimas en rojo. El nadapasismo, esa corriente que sostiene que nunca pasa nada, volvió a llevarse el gato al agua.
El lunes 7 de abril de 2025: pánico en los titulares, calma en el cierre
La jornada arrancó con los peores presagios.
Jim Cramer avisaba de un crash al estilo del Black Monday de 1987, cuando el Dow Jones se hundió casi un 23% en una sola sesión. El
Daily Mail, orientado al británico de clase trabajadora, publicaba que muchos en el sector financiero temían bajadas superiores al 20%. Y Arabia Saudí abría con el
Tadawul All Share cayendo un 6,78% y el MSCI Tadawul 30 un 6,56%.
Con ese panorama, la mayoría de las apuestas apuntaban a una caída severa. Pero el cierre fue otro: unas décimas en rojo. Quien apostó por el «no va a pasar nada» acertó. Otra vez. Y ya van unas cuantas.
Por qué el foro se equivoca casi siempre
La tesis que recorre el debate es que este tipo de comunidades funciona como indicador inverso. Cuando el consenso apunta a un desastre, el mercado hace lo contrario. Cuando todos ven un pelotazo, se estrella. La burbuja inmobiliaria es el ejemplo recurrente: los que decían verla venir aplaudían a un tal Tochovista, y ocurrió exactamente lo contrario.
Hay quien sostiene que el foro nunca acierta, ni siquiera por casualidad. El argumento tiene su lógica: si el consenso fuera rentable, no habría consenso, porque el dinero se hace en el disenso. Los que ganan no lo cuentan. Los que pierden, sí.
Los que vendieron antes de las elecciones y se ríen ahora
No todo el mundo falló. Alguien afirma haber vendido el
90% de su cartera poco antes de las elecciones, convencido de que la bolsa estaba altísima y que los
aranceles iban a paralizar la economía global. Ahora se descojona y espera para comprar saldos. Si es verdad, es el único que ha ganado algo en este episodio.
La escalada de confrontación entre Estados Unidos y China no hizo más que aumentar durante la jornada. Y aun así, el mercado aguantó. Eso desconcierta a los que esperaban sangre en las calles.
El rebote del gato muerto que nunca llegó a ser rebote
Algunos apostaban por un rebote técnico para seguir cayendo después. La vela del viernes, decían, iba a recuperar bastante. Otros esperaban una caída controlada, con entrada de manos fuertes en cuanto hubiera declaraciones claras sobre endurecimiento de medidas. Nada de eso ocurrió con la intensidad prevista.
El resultado final fue tan decepcionante para los agoreros como para los optimistas: unas décimas. Ni crash ni rally. El nadapasismo, esa doctrina que consiste en no esperar nada, volvió a ganar por incomparecencia del rival.
La predicción como deporte de riesgo
La conclusión que se extrae es incómoda: predecir el mercado a corto plazo es un ejercicio de adivinación. Los que aciertan lo hacen por casualidad, y los que fallan escriben más. El foro, como termómetro, mide más el miedo que la realidad.
Mientras tanto, la impresora sigue funcionando. La barra de pan costará dos euros, pero eso será a medio plazo. Y el lunes, al final, no pasó nada. Otra vez.