Sin IRPF ni IVA: cómo se financiaba el gasto público con Franco
¿Cómo se sostiene un Estado sin impuesto sobre la renta ni un IVA al uso? Mal, con muchos parches y con el gasto público a la mitad. En la España de Franco no existía un IRPF como el actual ni un IVA comparable al de hoy, y sin embargo había juzgados, escuelas, cuarteles y una nómina pública modesta. La respuesta corta: se gastaba mucho menos que ahora y el dinero llegaba por vías poco visibles —cotizaciones, impuestos indirectos, deuda, bases militares y remesas de emigrantes—. El resto es discutir cuánto de aquello fue ingeniería y cuánto simple miseria administrada.
Los impuestos que sí existían: del ITE al 2,70% a la cuota de beneficios
La idea de que no se pagaba nada es falsa. En 1957 la Remodelación de la Contribución de Utilidades reorganizó el gravamen: los profesionales tributaban con cuota fija o licencia fiscal y, además, un 15% sobre ingresos; los comerciantes e industriales individuales, un 20% sobre beneficios; y las sociedades, un 30% general sobre beneficios con una cuota mínima del 20%. Sobre el terreno, un participante recordaba que el ITE —impuesto de tráfico de empresas— era del 2,70%, «casi como el IVA de ahora». Otros apuntan a una suerte de
flat tax que se descontaba directamente de la nómina, junto a la Seguridad Social. La fiscalidad existía; lo que no existía era la palabra IRPF.
Deuda, bases americanas y las remesas de los emigrantes
El segundo pilar fue financiarse fuera. Una línea de análisis sostiene que España se sostuvo con créditos estadounidenses a cambio de ceder suelo para bases militares y con las remesas de los millones de emigrantes que trabajaban en Europa. La crisis del petróleo de 1973 hizo volver a muchos y el grifo se cerró. La versión más dura afirma que casi no había Hacienda pública, que todo se financiaba con deuda y que la evasión fiscal era enorme; que en 1953, cuando aterrizaron los americanos, el Estado estaba medio quebrado. La fórmula más cínica que se repite: bonos del Estado, impresora y unos ingresos que bastaran para no superar el gasto. El relato institucional añade emisión de deuda pública y acuerdos privados con la banca a cambio de un porcentaje.
El Estado era la mitad de pequeño: 25% del PIB frente al 40% europeo
Aquí está la clave aritmética. En 1975 el gasto público español rondaba el 25% del PIB, cuando la UE ya superaba el 40%. Los impuestos sobre producción e importación —equivalentes a un IVA primitivo, aranceles y especiales— sumaban casi el 7% del PIB; renta y patrimonio, cerca del 5%; y las cotizaciones sociales, en torno al 10%. La presión fiscal global era la mitad que hoy. Un cálculo que circula sitúa el gasto estatal en unos 700 euros por habitante en 1980, frente a 14.000 en la actualidad. Un Estado pequeño, con pocos funcionarios, pluriempleo en la administración y casos de guardias civiles que dejaban el cuerpo para emigrar a Alemania.
El ponzi de las pensiones y las empresas públicas
Hasta los años 80 la Seguridad Social era un buen negocio para el Estado: recaudaba bastante más de lo que pagaba en pensiones, porque la población era joven y las carreras laborales, cortas. Ese excedente financiaba otras partidas. A ello se sumaban las grandes empresas de sectores estratégicos, casi todas estatales, cuyos beneficios engordaban las arcas públicas, más ingresos por sellos de correos y el extra en hidrocarburos. La consecuencia era un mercado con paro cercano a cero, aunque con salarios bajos comparados con el resto de Europa.
Pantanos, autovías y una aerolínea de bandera
El gasto iba a obra física. Se citan pantanos, puertos, aeropuertos, universidades laborales, parques sindicales, una aerolínea de bandera y hasta 8.000 presos. La réplica es que la mayoría de autopistas y autovías se construyeron ya en los 80 y que con Franco predominaban las carreteras nacionales. La diferencia entre autopista y autovía, recuerdan, es sobre todo administrativa y de palabra. Se discute el tamaño de la red: casi 18.000 kilómetros de autopistas y autovías en España frente a los 4.767 de Corea del Sur, aunque con densidades de población y superficies muy distintas. A partir de los 60, sostienen algunos, el gasto seguía siendo bajo pero los servicios ya se parecían bastante a los actuales: colegios, institutos, universidad y sanidad pública.
¿Había hambre o se vivía mejor que ahora?
Las dos cosas, según el tramo. Los años 40 fueron de hambre y cartilla de racionamiento, con la ayuda argentina de 1947 como tabla de salvación y niños bebiendo leche por primera vez. Quien recuerda la guerra civil alega que el país estaba arrasado y que el desastre no fue solo mala gestión. Los que miran a los 60 describen a un trabajador con familia numerosa, piso, coche y vacaciones, y hay quien compara la corrala de los años 30 —treinta metros, baño compartido en el rellano— con el piso de tres dormitorios de los 60. Los más escépticos recuerdan que la mayoría comía gachas y ayuda alimentaria americana, y que dar por hecho que uno habría estado en el lado rico es un ejercicio de imaginación.
Cuadra: gastar poco, cobrar por vía indirecta, tirar de deuda y dejar que pagara quien viniera después. El milagro consistía en que la mitad del país no podía pedir factura.