Despido libre: la letra pequeña de un miedo recurrente
El despido libre ya existe en España. Lo que no existe es el despido gratuito, y ahí está el núcleo del debate.
Cuando se especula con un giro a la derecha en el Gobierno, resucita el fantasma de que las indemnizaciones se desplomen. La discusión, sin embargo, arranca de una premisa que pocos matizan: hoy ya se puede despedir con justificación abonando 20 días por año trabajado, con un tope máximo de una anualidad. Es decir, el empresario tiene libertad para extinguir el contrato, pero no para hacerlo sin coste. La palabra “libre” asusta; la palabra “gratuito” es la que realmente importa.
El malestar va más allá de la reforma laboral. En el ambiente flotan promesas de rebajas fiscales, recortes de derechos y ajustes en pensiones. Y sobre todo, casos de supuestos gastos personales de altos cargos, como el de un alto responsable al que se atribuyen 1.500 euros diarios en servicios de prostitución, que acentúan la desconfianza hacia el relato oficial.
¿Qué ocurriría si la derecha gobernara? Lo previsible es un intento de abaratar el despido de forma gradual, no su eliminación total: el coste político de un cambio brusco sería alto. Pero la desconfianza ciudadana, alimentada por la corrupción percibida, convierte cualquier predicción en un acto de fe.