Seguro de decesos: pagar 20 euros al mes o arriesgarse a la fosa común
La pregunta es incómoda, pero cualquiera que haya tenido que enterrar a un familiar se la ha hecho: si no pagas un seguro de decesos, ¿qué pasa con tu cuerpo? La respuesta corta es que el Estado no te deja tirado. La larga implica una factura de entre 2.000 y 3.500 euros que alguien tendrá que poner. En España, a diferencia de otros países, existe una prestación pública llamada auxilio por defunción. Su cuantía, según los datos que se manejan en este asunto, es de
46,41 euros. Una miseria que no cubre ni el ataúd más barato.
¿Cuánto cuesta un entierro o una incineración?
El precio de morirse varía según lo que se quiera montar. Una incineración básica, con urna incluida, puede salir por unos
600 euros en Madrid, según la experiencia de quienes han pasado por ello. Un funeral completo, con tanatorio, coche fúnebre y demás parafernalia, se dispara hasta los
3.000 o 3.500 euros. Hay quien sostiene que por 2.000 euros se puede resolver sin lujos, y quien recuerda que los comerciales de las funerarias, cuando no hay seguro de por medio, intentan vender el paquete de 7.000 u 8.000 euros. La familia, en ese momento, no está para regatear.
La alternativa lonchafinista por excelencia es la donación del cuerpo a la ciencia. Es gratis, el hospital se hace cargo de los gastos y, de paso, los estudiantes de medicina aprenden algo. La pega es que no todo el mundo tiene estómago para imaginarse en una sala de disección. Otros proponen ataúdes de cartón, de pino barato o incluso impresos en 3D, siempre que cumplan la normativa. Porque ahí está el detalle: la ley exige que el féretro sea hermético y que el transporte funerario cumpla una serie de requisitos. El low cost tiene límites.
La letra pequeña del seguro de decesos
Los seguros de decesos se contratan jóvenes y se pagan toda la vida. Un varón de 46 años puede estar pagando
11 euros cada dos meses, pero la cuota sube con el IPC y se dispara a partir de los 60. La pregunta que nadie responde con claridad es si merece la pena. Hay quien calcula que, a 20 euros al mes, en diez años has acumulado
2.400 euros, suficiente para pagarte un entierro digno. Otros argumentan que el seguro no solo cubre el entierro, sino también traslados, repatriaciones y gestiones que evitan a la familia tener que lidiar con papeleo en el peor momento.
El cálculo completo, desglosado partida a partida, da una diferencia que sorprende. Pero la decisión no es solo económica. Entra en juego la tranquilidad de los tuyos, la presión familiar —hay quien paga la cuota de un hijo para no sentirse culpable— y la certeza de que, si no tienes seguro, el ayuntamiento se hará cargo del entierro y luego reclamará el gasto a los herederos. El artículo 1894 del Código Civil lo deja claro: si no hay bienes, la deuda se extingue, pero el trámite no es agradable.
¿Qué pasa si no tienes seguro ni dinero?
La administración entierra a los indigentes. No hay fosa común en el sentido literal, pero sí un servicio funerario básico pagado con dinero público. Luego, si el finado tenía bienes, se cobran de la herencia. Si no, la deuda muere con él. Es el último recurso, y no es bonito. La alternativa de donar el cuerpo a la ciencia está creciendo en tiempos de crisis, según se comenta, porque evita costes y ayuda a la investigación. Pero no todo el mundo lo ve claro.
Al final, la pregunta no es si el seguro es una estafa o una bendición. La pregunta es quién paga la factura. Y la respuesta, como casi siempre, depende de cuánto quieras proteger a los que se quedan. Con estos números sobre la mesa, la decisión es tan personal como inevitable. La única certeza es que alguien acabará pagando.