La sanidad pública extrae la muela pero no paga la endodoncia
La
sanidad pública no arregla dientes: los quita. Esa es, resumida, la respuesta a quien busca ayudas para pagar al dentista con una muela dañada y hasta
200 euros de endodoncia por delante. El caso es de manual: dolor durante días en una pieza con caries y empastes viejos, visita a un dentista de barrio, dos empastes nuevos por
120 euros y la promesa de que el dolor se iría. No se fue. Y la profesional —según el relato del propio afectado— se niega ahora a matar el nervio.
¿Qué cubre la Seguridad Social en salud bucodental?
Extracciones. Poco más. La cartera pública asume la extracción de la pieza, incluida la de las muelas del juicio, que al propio afectado le extrajeron sin coste en el hospital en el pasado. Lo que no entra es conservar el diente. Una endodoncia —el popular
matar el nervio— queda fuera, igual que los implantes, que se pagan de bolsillo.
De ahí el callejón en el que se ve quien no tiene dinero. La Seguridad Social ofrece la solución más barata y más definitiva: quitar la muela. Gratis. El problema es que la pieza desaparece para siempre y, con ella, según advierte una de las respuestas, se altera el equilibrio de la dentadura. Sin la pieza de enfrente que la frene, la de arriba se desplaza; los dientes vecinos se inclinan hacia el hueco. La alternativa conservadora existe, pero se paga de bolsillo.
¿Cuánto cuesta una endodoncia y qué alternativas hay?
El precio de referencia que maneja el afectado son
200 euros. No es la cifra más alta del mercado, pero para alguien en paro y sin prestación es un muro. Frente a esa factura aparecen tres salidas.
La primera, la extracción. Una clínica privada la sitúa en el entorno de los
50 euros, con opciones desde
40. Menos de la mitad que la endodoncia y sin esperar cita pública. La segunda, las clínicas universitarias, donde los tratamientos se practican a precios de aprendizaje: hay quien se hizo ocho empastes a
25 euros cada uno, y en una facultad madrileña el aparato de ortodoncia salía por
600 euros frente a los 3.000 de la privada. En el País Vasco, la clínica odontológica de la
UPV/EHU atiende a pacientes con tarifas reducidas. La tercera, financiar el pago en cuotas.
Pagar a plazos: la vía que casi nadie se atreve a pedir
El afectado se plantea dar
50 euros semanales a la dentista para saldar la endodoncia. Le da vergüenza pedirlo. La experiencia recogida apunta a que el aplazamiento es más común de lo que parece: no es raro que una clínica acepte fraccionar un tratamiento cuando de por medio hay una pieza ya empastada por ese mismo profesional.
La muela que sigue doliendo tras pagar 120 euros
El nudo está aquí. Tras la primera visita y una radiografía, el diagnóstico apuntaba a una endodoncia. A la semana siguiente cambió: no hacía falta. Se retiraron empastes viejos, se pusieron nuevos y se cobraron
120 euros. Al irse la anestesia, el dolor volvió con más fuerza, a base de antiinflamatorios y analgésicos.
En una tercera visita se volvió a descartar matar el nervio, esta vez con el argumento de que hacerlo requiere que la pieza duela al morder. Hay quien sostiene que un dolor de esas características no se arregla con un empaste nuevo, porque el problema está dentro y sigue ahí. La sospecha —nunca confirmada— es que el trabajo se haya quedado a medias. Una de las recomendaciones que se repiten, con todo, es sencilla: volver al dentista y plantearle lo ocurrido, para que la profesional asuma su parte.
El fondo: por qué la boca se paga aparte
Una parte de las respuestas no discute precios, sino el modelo. Se argumenta que dejar la odontología fuera de la cartera pública es una mala política sanitaria: los problemas bucodentales no corregidos acaban derivando en otras patologías que sí paga el sistema, con lo que el ahorro resulta aparente. Otras respuestas llevan la queja al reparto de la cobertura, sosteniendo que perciben un trato desigual según el origen o la situación administrativa de cada persona, y reclaman el mismo esfuerzo para quien lleva décadas contribuyendo. Son opiniones, no cifras.
Por el camino han circulado todo tipo de remedios caseros —enjuagues de bicarbonato, agua oxigenada, aceite de coco— frente a una infección. Ninguno sustituye a un profesional.
Con estos precios, la lógica dice que la endodoncia debería ganar terreno a la extracción: sale más barata al sistema a largo plazo y conserva la pieza. Mientras siga fuera de la sanidad pública, seguirá ganando la extracción, o la deuda con un familiar.