Dinamarca y el artículo 5: cuando el paraguas no cubre del socio
Hay una paradoja que resume el asunto: el artículo 5 del Tratado de Washington obliga a los aliados a responder ante un ataque armado contra cualquiera de ellos. Si quien ataca es el país que aporta en torno al
85% del presupuesto y de la capacidad militar de la Alianza, la cláusula se queda sin destinatario. Ese es el nudo del debate abierto en torno a la hipótesis de una invasión estadounidense de Groenlandia y la respuesta danesa. La cuestión no es jurídica, es aritmética.
Qué dice el artículo 5 y por qué no encaja aquí
El mecanismo está pensado para agresiones externas, no para conflictos internos entre miembros. Varios análisis del asunto coinciden en un punto: la OTAN
es Estados Unidos en la práctica, de modo que invocar la cláusula contra Washington es pedirle al árbitro que se expulse a sí mismo. La broma recurrente —enviar a un mediador europeo a poner paz— resume la sensación de que el instrumento no está diseñado para este escenario.
El reparto de fuerzas complica cualquier respuesta colectiva. Quien pone el grueso del gasto, del material y de la logística no va a aceptar un mecanismo que se vuelva contra él. La conclusión que se repite es incómoda: la disuasión funciona mientras el disuasor no sea el agresor.
Groenlandia: bases, recursos y un partido independentista en el gobierno
El territorio tiene
unos 57.000 habitantes y bases estadounidenses desde la Segunda Guerra Mundial, lo que rebaja la necesidad de una operación militar convencional. Sobre el terreno gobierna desde abril de 2021 una formación independentista de izquierdas que no autoriza la explotación de los recursos naturales —oro, tierras raras, uranio— por considerarla contraria a su línea política.
Ahí está el verdadero pulso. Dinamarca ha costeado durante años una autonomía sin retorno económico visible y ahora ve cómo otro actor se posiciona para extraer lo que ella no explotó. La independencia no es una amenaza para Copenhague; el problema es quién la capitaliza.
Comprar el territorio en lugar de invadirlo
La vía que más se discute no es militar. Con 57.000 residentes, un pago individual de
un millón de dólares por habitante ronda los 58.000 millones, calderilla para el Tesoro estadounidense. Otra cifra que circula en el análisis baja el rango a entre 10.000 y 50.000 dólares por persona, pagaderos a los residentes y no a Dinamarca.
El precedente que se cita es Panamá: cuando el canal no salía adelante, se financió a los independentistas y se amenazó a Colombia con intervenir si movía un dedo. La operación no requiere desembarco, sino un referéndum con la pregunta adecuada y un partido local dispuesto a formularla.
El efecto Ceuta, Melilla y Canarias
La comparación española aparece pronto.
Ceuta y Melilla quedan fuera del paraguas del artículo 5, y la hipótesis que se plantea es si Madrid debería replicar el gesto si Marruecos moviera ficha en esos territorios o en Canarias. El argumento de fondo es diplomático: Marruecos fue el primer país en reconocer la independencia de Estados Unidos, y Washington ha premiado a Rabat con el reconocimiento del Sáhara, un paso que ni Clinton, ni Bush ni Obama dieron formalmente.
La lectura pesimista es que España acabaría alineándose con quien le conviene, no con quien le corresponde. La lectura pragmática es que el aceite de oliva y la gasolina venían, en parte, de la órbita groenlandesa, y que a nadie le apetece abrir ese frente.
Qué puede pasar: independencia, anexión o nada
El escenario que se maneja con más frecuencia no es una invasión, sino una
revolución de colorines: un partido anexionista local, un referéndum de separación de Dinamarca y una federación con Estados Unidos que incluya gobernador propio, representación en Washington y el régimen fiscal de Alaska. Para 57.000 personas, el cálculo es sencillo.
El calendario aprieta. La operación necesita entre 15 y 20 años para madurar, y quien la impulsa quiere resultados antes de fin de año. Esa tensión entre el ritmo político y el ritmo burocrático es la que decide si esto es una amenaza real o una posición maximalista de negociación.
La OTAN tiene un problema de diseño que no se arregla con declaraciones: su cláusula de defensa colectiva no contempla que el agresor sea el socio mayoritario. Con el reparto de fuerzas actual, ¿alguien cree de verdad que el artículo 5 se activaría contra Washington?