Cuerda floja sin red: el pulso sobre quién puede hacerlo
Un funambulista cruza el vacío sobre una cuerda tendida entre dos puntos, sin arnés ni red de seguridad. La imagen, repetida en mil variantes, sirve de detonante para una pregunta que estos días circula con fuerza: ¿hay algo en el hombre blanco que lo haga único para ciertos riesgos? La respuesta corta es que no. La larga ocupa este artículo.
El asunto arranca con una afirmación rotunda:
solo el hombre blanco puede hacer una cosa así, porque sus glándulas cerebrales serían distintas. A partir de ahí, el intercambio deriva hacia terrenos que poco tienen que ver con el equilibrio físico y mucho con la historia, la demografía y la estadística comparada.
Qué se discute cuando se discute el mérito
La primera línea de fricción es la definición misma de la hazaña. Un sector sostiene que el funambulismo sin red es una cuestión de entrenamiento y de años de práctica, no de supuesta superioridad biológica. Se recuerda que
Philippe Petit cruzó entre las Torres Gemelas en 1974 sin arnés ni red, y que el récord de altura en funambulismo lo tiene un especialista chino. El dato desmonta la premisa racial sin necesidad de entrar en disquisiciones.
La segunda línea es la del riesgo comparado. Se argumenta que conductas temerarias las hay en todas las latitudes: se cita el caso de un africano que convivía con hienas como animales de compañía. La conclusión que se extrae es simple: el peligro no entiende de pasaportes.
El giro histórico: de la cuerda a los imperios
A mitad de la conversación, alguien introduce una lista de agravios atribuidos al hombre blanco: arrasar continentes, contaminar el planeta, planificar genocidios, imponer un sistema político-económico. La respuesta no se hace esperar y llega con nombres propios.
Gengis Kan y sus mongoles hicieron lo primero. Los otomanos, lo tercero. Y en materia de emisiones, se apunta a China como principal emisor actual de gases de efecto invernadero.
El intercambio se encona. Unos defienden que la capacidad técnica de llegar a todo el mundo es lo que permitió a Europa expandirse, no una supuesta superioridad moral. Otros replican que la esclavitud la organizaban tribus africanas que vendían a los vencidos, y que los compradores llegaron después. La discusión se convierte en un ajuste de cuentas histórico donde cada bando elige el siglo que le conviene.
La aportación que nadie esperaba: la lista de inventos
En medio del ruido, aparece una enumeración que funciona como argumento de autoridad:
Mozart, Shakespeare, Newton, Fleming, Tesla, Copérnico, Miguel Ángel. La lista pretende demostrar que la civilización tal como la conocemos es deudora de una tradición concreta. El problema del argumento es que confunde genio individual con pertenencia a un grupo, y que ignora que los antibióticos, los fertilizantes o la democracia son productos de redes de conocimiento, no de una sola geografía.
La contrarréplica llega con nombres que la lista omite:
Atila, los hunos, los otomanos. La historia de la violencia organizada es un fenómeno transversal. Cada imperio que pudo, arrasó. La diferencia no fue la biología, sino la capacidad logística.
El ruido de fondo: insultos y descalificaciones
No todo el intercambio es argumentación. Hay descalificaciones personales, acusaciones de estar pagado por intereses ajenos y referencias a contenidos para adultos que se usan como arma arrojadiza. La discusión se degrada por momentos hasta convertirse en un intercambio de etiquetas. Es la parte menos aprovechable del asunto, pero conviene señalarla porque explica por qué el tema genera más calor que luz.
¿Qué queda cuando se apaga el ruido?
Queda una pregunta incómoda: ¿por qué ciertos debates sobre capacidades humanas derivan siempre hacia la raza? La respuesta probable es que la raza es la explicación más perezosa y la que menos obliga a pensar. Es más fácil atribuir un comportamiento a la biología que analizar las condiciones materiales que lo producen.
El funambulista de la cuerda no es un superhombre. Es alguien que ha entrenado durante años, que conoce el viento, que ha calculado cada paso. Reducir eso a una glándula es un insulto a su trabajo. Y una manera cómoda de no mirar el resto.
Dato final: el récord de altura en funambulismo lo tiene un especialista chino, según el hilo. La próxima vez que alguien invoque la superioridad de una glándula, conviene recordarlo.