Pensiones: el tope del SMI deja 7.000 millones de superávit
Con 165.500 millones de euros en cotizaciones, basta con fijar el salario mínimo como techo de la pensión para que el sistema arroje un excedente anual de 7.000 millones. El cálculo es sencillo: si los 6,6 millones de jubilados cobran como máximo 1.133 euros al mes, la factura baja a 104.700 millones, y sumando viudedad e incapacidad (53.800 millones) el resultado es positivo.
No es la única receta sobre la mesa. Otra corriente apuesta por una pensión mínima plana de 480 euros, financiada con una cotización fija para todos, y deja el resto al ahorro privado en fondos, acciones o lo que cada cual prefiera. La idea de fondo: que nadie se muera de hambre en la vejez, pero que el sistema no dependa de promesas piramidales.
Hay quien va más lejos y plantea reformas institucionales radicales, desde la disolución de las autonomías hasta soluciones que no conviene detallar. Y en el extremo, la ironía responde con eslóganes: traer más migrantes para que paguen pensiones que probablemente no cobrarán.
La pregunta incómoda es por qué, con estos números, no se aplica el tope. La respuesta corta: porque tocar la pensión de los actuales jubilados es suicidio político, y porque el SMI lo paga el empresario, no el Estado, así que la operación redistribuye rentas de forma poco sutil. La matemática cuadra. La política, de momento, no.