Som Energía: verde en el certificado, red común en el enchufe
¿Pagar la luz a una cooperativa convierte tu consumo en renovable? La pregunta recorre toda la discusión sobre Som Energía, la comercializadora que compra energía en el mercado y la respalda con certificados de garantía de origen. El mecanismo, explican quienes están dentro, es así: la cooperativa adquiere en el mercado la electricidad que consumen sus socios, igual que cualquier comercializadora, y al mismo tiempo se provee de certificados verdes de productores exclusivamente renovables. Para considerarse 100% renovable, esos certificados deben cubrir el 100% de la energía consumida por los socios. Hasta ahí el relato oficial.
La electricidad es fungible y la red no distingue
El primer golpe al romanticismo llega rápido: la energía eléctrica es fungible e indistinguible de su origen. En la red hay electricidad de todos los orígenes y, según las circunstancias de viento y sol, más o menos renovable. Cuando uno enciende la televisión en una noche sin viento, no arranca una hidráulica para él: recibe la misma energía que los demás. Ahí está el núcleo del escepticismo.
La crítica más dura sostiene que estas comercializadoras no sirven para nada mientras sobren certificados. Según un cálculo que circula en el debate, en España aproximadamente el **45% de la energía consumida** puede considerarse verde, y ese porcentaje sube por el descenso del consumo. Mientras la demanda de energía verde esté muy lejos de la producción, comprar certificados no incentiva nada nuevo. Hay quien recuerda que una gran eléctrica ya ofertaba esto hace años y que el comercializador reconocía en privado que no servía más que para cobrar más por la misma energía.
Qué cuesta y qué se arriesga el socio
La cuota de entrada son **100 euros de capital social**, devolvibles si se abandona la cooperativa. El riesgo real, apuntan, es que quiebre y se pierdan esos 100 euros; tampoco se ve probable. En precio, la cosa queda casi en tablas: con 4,6 kW contratados y unos 1.000 kWh al año, la tarifa regulada sale a 0,124985 €/kWh y 35,649 €/kW anuales, frente a los 0,12749 €/kWh y 33,649 €/kW de la tarifa de mercado libre de la cooperativa. La diferencia anual, impuestos mediante, es de unos pocos euros.
El detalle incómodo: al operar en mercado libre no está obligada a aplicar el bono social, y no lo aplica. Quien no pueda beneficiarse de él, en cambio, encuentra el precio razonable.
¿Comercializadora o productora?
Aquí el relato se complica. Som Energía no solo vende: tiene instalaciones propias de producción —eólica, solar y biogás— y su objetivo declarado es producir tantos kWh como consumen sus socios, con plantas financiadas en parte por esa cuota de cien euros. Según su web, hay dos instalaciones produciendo y cuatro en construcción, insuficientes para cubrir la demanda. También se anuncia un **3,5% de interés** por la inversión, con la incertidumbre legal que rodea a las renovables.
La experiencia de los socios es desigual. Hay quien lleva un año y lo resume como todo bien y la satisfacción de dar una patada al oligopolio. Y hay quien, tras darse de alta, encuentra una atención que no resuelve dudas sobre la distribuidora y transmite la sensación de que solo ofrecen energía verde y poco más.
El argumento que sí sostiene el cambio
El contrapunto tiene su lógica: contratar una comercializadora renovable deja de pagar a las grandes del oligopolio y presiona a las demás a invertir en verde para no perder clientes. Y el modelo cooperativo, con grupos locales y charlas, se presenta como alternativa real al statu quo. La comparativa de precios entre comercializadoras, con otras más baratas sobre la mesa, queda como tarea pendiente para cada cual.
Al final, la electricidad que llega al enchufe es la misma. Lo único que cambia es a quién le pagas y qué certificado compras con el recibo.