España ante el espejo de Yugoslavia: el miedo a la ruptura
¿Es España la próxima Yugoslavia? La pregunta, que circula desde hace tiempo en los mentideros políticos, ha vuelto a la actualidad tras la investidura de Pedro Sánchez y el pacto con los independentistas. En los foros de discusión, la comparación con la desintegración del país balcánico se ha convertido en un lugar común. Un participante lo resume con crudeza: «Somos una mezcla entre Yugoslavia y Venezuela». Otro añade: «
Cataluña se separará de España, pero no de golpe, sino poco a poco, llevándose toda la financiación que pueda». El temor a una ruptura gradual, alimentada por la crisis económica y la desestabilización externa, recorre los mensajes.
El fantasma de los Balcanes: crisis económica y nacionalismos
La comparación con Yugoslavia no es nueva. En el imaginario colectivo, la guerra de los Balcanes representa el paradigma de cómo un país multiétnico puede desintegrarse en medio de una crisis económica. Un análisis recurrente en el debate señala que «la caída de la URSS supuso un avance de Estados Unidos en su hegemonía mundial y provocó una tremenda crisis a través de las medidas impuestas por el FMI que lastraron la economía yugoslava». A partir de ahí, «Estados Unidos sondeó entre las distintas regiones yugoslavas un acuerdo de políticas económicas individuales sin el lastre que suponía pertenecer a Yugoslavia y ahí comenzó el auge de los nacionalismos desenfrenados». La conclusión que se extrae es que sin crisis económica previa no hay ruptura. Y en España, con una deuda pública disparada y un crecimiento anémico, el caldo de cultivo está servido.
Cataluña: ¿secesión gradual o independencia de facto?
La mayoría de los mensajes coinciden en que Cataluña no se independizará de un día para otro. La tesis dominante es la de una secesión gradual, una «independencia de facto» que se iría consolidando a través de la financiación autonómica y la cesión de competencias. «Cataluña se separará de España, pero no de golpe, sino poco a poco, llevándose toda la financiación que pueda en el proceso hasta que las sacas estén llenas a rebosar», escribe un participante. Otro añade: «Vamos directos a una confederación, de facto ya casi lo somos». La pregunta que planea es si ese proceso desembocará en una ruptura total o en un modelo confederal que vacíe de contenido el Estado central.
La injerencia exterior: anglosajones, OTAN y Unión Europea
Uno de los hilos argumentales más repetidos es la supuesta injerencia de potencias extranjeras. Se menciona la visita de Victoria Nuland, subsecretaria de Estado de Estados Unidos, y se recuerda que «doce de cada diez veces por donde pasa la Nuland hay un golpe, una revolución o una guerra». La OTAN y la Unión Europea también son señaladas. «Ni la UE ni la OTAN quieren una independencia de Cataluña», afirma un mensaje, mientras otro sostiene que «Europa también colabora en nuestra destrucción, ahí está el asilo concedido a Puigdemont y su banda». La desconfianza hacia las instituciones supranacionales es transversal en el debate.
El papel del Rey y la Constitución: ¿dique de contención?
Frente a los agoreros, hay quien recuerda que España ya ha superado intentos de ruptura. «Cuando se produjo el golpe de estado del 23 de Febrero de 1981, el Rey desde arriba y la gente a pie de calle hicieron prevalecer la Constitución. Una vez más, cuando se produjo el golpe de estado del 1 de Octubre de 2017 disfrazado de referéndum, el Rey desde arriba y la gente en la calle volvieron a hacer prevalecer la Constitución», escribe un participante. La conclusión es que, pese a la torpeza de los políticos, la arquitectura institucional ha resistido. Sin embargo, otros advierten de que «siempre tiene que haber una grave crisis económica antes de una guerra civil y en esa fase estamos ahora».
El papel de la economía: deuda, financiación y agravios
La economía es el hilo conductor de casi todos los mensajes. Se habla de la «financiación que se lleva Cataluña», de la «ruina» que dejaría la independencia y de la «africanización» de España. Un participante sentencia: «España tiene una solución relativamente barata, gobierne quien gobierne. Con que nos aprieten un poco con la deuda, nos hacen bailar a la pata coja». La idea de que la economía es el verdadero campo de batalla, y no las banderas, recorre el debate. La comparación con Yugoslavia se sostiene sobre esa base: la crisis económica como detonante de la ruptura.
La pregunta sigue sin respuesta. ¿Somos la siguiente Yugoslavia? Nadie lo sabe. Lo que está claro es que la comparación, lejos de ser una exageración de tertulia, se ha instalado en el debate público. Y mientras unos ven señales de alarma, otros recuerdan que España ya ha sobrevivido a golpes de estado y referéndums ilegales. La historia, como siempre, dirá la última palabra. O no.