Soros avisa: sin derrotar a Putin y Xi, la civilización no sobrevivirá
En su regreso a Davos, el multimillonario George Soros presentó un diagnóstico sombrío: la invasión rusa de Ucrania ha sacudido a Europa hasta la médula y puede ser el inicio de la Tercera Guerra Mundial. A sus 90 años, el inversor y filántropo sostiene que el conflicto entre «sociedad abierta» y «sociedad cerrada» ha desplazado a un segundo plano la lucha contra el cambio climático o las pandemias. Su receta, explícita en el discurso: derrotar a Vladimir Putin y contener a Xi Jinping. La reacción no se hizo esperar. Desde el escepticismo ante un mensaje que suena a cruzada ideológica hasta el análisis de que el verdadero motor es financiero, el discurso de Soros ha reabierto el debate sobre quién marca realmente la agenda global.
El discurso de Davos: la civilización en juego
Soros estructuró su intervención en torno a una idea central: el mundo se ha polarizado en dos sistemas de gobierno diametralmente opuestos. En una sociedad abierta, el Estado protege la libertad del individuo; en una sociedad cerrada, el individuo sirve a los gobernantes. Para Soros, China y Rusia representan hoy la mayor amenaza para ese modelo abierto. El desarrollo de la inteligencia artificial, lejos de ser neutral, favorece a los regímenes represivos porque les proporciona instrumentos de control más eficaces. La pandemia, añadió, legitimó esos mecanismos al hacerlos útiles contra el virus.
El discurso no se quedó en el diagnóstico. Soros recordó su propia trayectoria filantrópica desde los años ochenta, cuando comenzó a financiar fundaciones en el antiguo bloque soviético. «El esfuerzo resultó ser más exitoso de lo que esperaba», afirmó. Pero el tono general fue de alarma: la invasión de Ucrania, dijo, «puede haber sido el comienzo de la Tercera Guerra Mundial y es posible que nuestra civilización no sobreviva». La advertencia final, traducida de forma libre por algunos asistentes, fue inequívoca: derrota a Putin o todos vamos a morir.
La reacción: entre la burla y el análisis geopolítico
La intervención de Soros generó un rechazo transversal. Una parte de los comentarios se centró en su figura: se cuestionó su autoridad moral, se recordó su avanzada edad y se ironizó sobre su supuesta capacidad para decidir el destino del mundo. Otros, sin embargo, entraron al fondo del asunto. Se señaló que el discurso de Soros es coherente con su historial de financiación de causas políticas y que su objetivo declarado —la «sociedad abierta»— choca con cualquier proyecto de identidad nacional o soberanía que no pase por su filtro.
El análisis más repetido apuntó a un motivo financiero antes que moral. «El mierdas este no se mueve por parámetros de moral sino financieros», resume un mensaje. La idea de que Soros actúa como un actor más de un tablero global, y no como un filántropo desinteresado, recorrió buena parte de las respuestas. También hubo quien recordó su papel en crisis políticas recientes, como la de Chile, donde se le atribuyó —sin pruebas concluyentes— una influencia desestabilizadora.
¿Es creíble el escenario de una Tercera Guerra Mundial?
La lógica del discurso de Soros tiene una contradicción que varios mensajes subrayaron: si para evitar la Tercera Guerra Mundial hay que derrotar a Putin y a Xi Jinping, ¿cómo se logra esa derrota sin desencadenar precisamente una guerra mundial? «Realmente, no tiene sentido lo que dice. Para evitar la WWIII, hay que acabar con Putin y Jinping. ¿Y cómo acabas con ellos sin una WWIII?», se pregunta un comentario. La trampa lógica es evidente: la única forma de derrotar a una potencia nuclear sin una escalada global es la contención, no la confrontación directa.
Otros mensajes fueron más allá y situaron a Soros como parte de una élite que, consciente de su declive, empuja al mundo hacia el caos. La teoría de que las élites son «putos vejestorios que la van a palmar en 0» y que les frustra no poder llevarse sus trillones de dólares refleja un estado de ánimo más que un análisis. Pero debajo de la burla hay una pregunta legítima: ¿qué intereses reales hay detrás de un discurso que pone al mundo al borde del abismo?
China, Rusia y el relato de la sociedad abierta
El discurso de Soros no es nuevo en su crítica a China. Ya en 2019 advirtió del «peligro mortal» del uso de la inteligencia artificial por parte del régimen chino para reprimir a sus ciudadanos. En Davos volvió sobre lo mismo, añadiendo a Rusia a su lista de amenazas existenciales. Para Soros, la reunión de Putin y Xi en febrero, con un comunicado que proclamaba una cooperación «sin límites», fue el pistoletazo de salida de una nueva era de confrontación.
La respuesta del público fue mayoritariamente escéptica. Se cuestionó que Soros, con 90 años, tenga la lucidez o la legitimidad para dictar el orden mundial. Se le comparó con Henry Kissinger, de 98 años, que ese mismo día aparecía en los titulares con un mensaje opuesto: Ucrania debería ceder territorio para buscar la paz. Dos ancianos, dos recetas antagónicas. La diferencia es que Kissinger propone una salida negociada y Soros, una victoria total. En un mundo nuclear, la segunda opción suena a fantasía.
El negocio de la filantropía política
Uno de los aspectos más criticados fue el propio modelo de Soros. Su «filantropía política» —así la llamó él mismo— ha consistido en financiar fundaciones y causas afines a su ideario. En los años ochenta, cuando el bloque soviético se desintegraba, estableció una fundación tras otra. «El esfuerzo resultó ser más exitoso de lo que esperaba», presumió. Pero ese éxito, para sus críticos, no fue neutral: sirvió para imponer un modelo de sociedad abierta que, en la práctica, ha ido acompañado de desestabilización política y dependencia financiera.
La sospecha de que Soros actúa como un titiritero que mueve hilos políticos sin rendir cuentas ante nadie es una constante. En el debate se mencionó su supuesta influencia en la política interna de varios países, siempre con la misma acusación: financiar campañas, medios y ONG para moldear gobiernos. No hay pruebas concluyentes de muchas de estas acusaciones, pero el hecho de que Soros se presente como un actor político global alimenta la percepción de que su poder es desproporcionado.
El punto exacto donde el análisis se atasca
El discurso de Soros plantea un dilema irresoluble con las herramientas actuales. Si la civilización está en juego, como él dice, la respuesta no puede ser una guerra total. Y si la única salida es la negociación, entonces su receta —derrotar a Putin y a Xi— es un callejón sin salida. La contradicción no es menor: Soros pide evitar la Tercera Guerra Mundial con una receta que, llevada al extremo, la haría inevitable. Mientras tanto, la pregunta sobre qué intereses reales mueven a quienes financian la «sociedad abierta» sigue sin respuesta. Y no parece que vaya a llegar desde Davos.