La subida de 135€ en cotizaciones de autónomos desata la bronca política y social
Un tercio de los autónomos españoles verá incrementada su cuota mensual en 135 euros. El dato, adelantado por ABC, ha reabierto el debate sobre la presión fiscal sobre los trabajadores por cuenta propia y su papel en la economía. No es una subida generalizada, pero afecta a quienes declaran rendimientos netos más altos, lo que ha generado una brecha entre quienes ven una expoliación más y quienes lo consideran un ajuste necesario.
Las dos caras del autónomo: víctima o verdugo
Por un lado, la percepción mayoritaria entre los afectados es que el Estado les exprime mientras ellos son los que crean empleo y mantienen vivo el comercio de barrio. Se quejan de que los impuestos no se traducen en servicios, y recuerdan que ya soportan IRPF, IVA, IBI y tasas varias que suman más de la mitad de sus ingresos. Por otro lado, una corriente crítica señala que muchos autónomos incumplen convenios, pagan mal o explotan a sus empleados, y que esta subida es solo un correctivo menor. El choque es ideológico, pero también económico: los pequeños negocios ya operan con márgenes estrechos.
El coste se trasladará a los precios
La subida no quedará en el bolsillo del autónomo. Como apuntan varios análisis, el incremento se repercutirá en los precios finales, lo que pone en entredicho la cifra oficial de inflación del 2,6%. Si un tercio de los autónomos sube sus tarifas, el IPC real podría ser mayor. El Gobierno defiende que la medida busca equiparar las cotizaciones a los ingresos reales, pero los afectados lo ven como un nuevo mordisco que acerca al tejido productivo a su límite.
La pregunta que nadie responde es hasta dónde puede subir la presión fiscal sin que el pequeño comercio y los servicios desaparezcan, y quién ocupará ese hueco cuando solo queden grandes superficies y plataformas digitales.
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